Por Oscar García

Cuando Los Prisioneros regresaron a Chile tras su primera presentación en el Perú, en setiembre de 1987, buena parte de la prensa chilena redujo aquella noche a un solo episodio: la banda había sido recibida a pedradas en la Plaza de Acho. La ironía era evidente: un grupo de rock atacado a proyectiles justo cuando venía a presentar un disco llamado “Pateando Piedras”. Pero esa no era toda la historia. Las piedras existieron, sí, aunque fueron lanzadas por un grupo minoritario de revoltosos. El resto de los presentes, cerca de doce mil personas, cantó y bailó sobre la arena de la histórica plaza del Rímac, levantando enormes columnas de polvo tan densas que los técnicos apenas podían distinguir a los músicos. Para el periodista chileno Alejandro Tapia, esas imágenes —rescatadas años después y difundidas en YouTube— cuentan una historia muy distinta a la que sobrevivió en la memoria de su país. “Cuando uno ve ese concierto se da cuenta de la magnitud, de la euforia. Es un concierto impresionante”, dice.

Conforme a los criterios de

El Proyecto Confianza
Tipo de trabajo:

Merlín IA

  1. Soy Merlín, el agente de IA de El Comercio. Puedes preguntarme sobre el contenido del diario: noticias, columnas de opinión, economía, elecciones, deporte y más.
    ¿En qué te puedo ayudar hoy?