Fútbol peruano¿Hace falta otro italiano en Lima? La pregunta aparece cada vez que nace un nuevo espacio dedicado a Italia. Pero la italianidad es tan amplia que, en teoría, siempre podría haber lugar para uno más: múltiples estilos de pasta, regiones gastronómicas muy definidas, clásicos que se pueden reproducir con rigor o reinterpretar desde otras miradas.
Instagram: trasteverelima
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Esa parece ser la intención detrás de Trastevere, el nuevo proyecto de Diego Macedo, creador de Sastrería Martínez, el ‘speakeasy’ limeño construido alrededor del whisky. Esta vez, la apuesta no es una barra escondida, sino un lugar visible, luminoso y versátil, pensado para funcionar a distintas horas del día. Hay cornetti y bomboloni para el desayuno, buen café, una carta que puede servir para almuerzos ejecutivos o cenas más largas, y una barra surtida donde conviven negronis, spritz y cócteles de autor. Es decir, una Italia pensada para Lima: para la tarde de sol, para el aperitivo o cualquier hora.


Trastevere apunta a ser “un pedacito de Italia en Lima”. El nombre remite al barrio romano de calles empedradas, bares, restaurantes, mercados y ese desorden encantador que muchas ciudades intentan replicar sin lograrlo. Pero al llegar a Trastevere Lima todo brilla de nuevo. Una guapa anfitriona italiana recibe con un “benvenuti”. La idea de ‘mercato’ aparece, aunque todavía de manera tímida: botellas de Aperol repetidas en las repisas, tomates madurando en una cesta, embutidos en una refrigeradora que no se llegan a apreciar del todo. El concepto está ahí, pero aún podría sentirse más real y menos decorativo.
En la barra, el Aperol Spritz parece obligatorio, pero también aparece una coctelería más trabajada, heredera del entrenamiento de Sastrería. Ofrece un negroni con campari al tartufo y uno de mis favoritos, el sgroppino: prosecco, vodka y sorbete de limón.

La comida empieza con una tabla generosa: prosciutto, salame milano, copa, mortadela, uvas, nueces, higos frescos y pan recién tostado. Luego llega uno de los platos más redondos: parmigiana di melanzane: berenjenas al horno con salsa de tomate y gratinadas con queso mozzarella. Un plato simple, cálido pero ligero, de esos que caen bien en cualquier estación. Seguimos con unos linguine alle vongole, de conchitas frescas, vino, pimienta y perejil. Aquí aparece un punto importante: si uno busca una pasta más pegada a la tradición italiana, conviene pedirla explícitamente ‘al dente’. De lo contrario, puede llegar en una cocción más cercana al gusto limeño, algo más suave que lo esperado.
Siempre vale la pena dejarse llevar por las pastas frescas. Pedimos unos gnocchi alla sorrentina, de buen tamaño, con tomate y queso fundido, en una versión abundante que reconforta. También aparecen en la carta ravioli mezze lune rellenos de espinacas y los trofie al pesto genovese. Estos últimos son especialmente interesantes: una pasta típica de Liguria, poco frecuente en Lima, que permite que su chef Loris Littardi, nacido en San Remo, asome en la carta.

Ese detalle podría ser una de las claves para que Trastevere encuentre una voz propia. Más que intentar representar “Italia” como una idea general, la carta gana cuando se permite mirar regiones concretas, productos específicos y preparaciones menos obvias. La diferencia puede estar justamente ahí: en salir del imaginario genérico italiano y dejar que aparezcan acentos más precisos, aprovechando el saber hacer de Littardi.
Entre los postres están los clásicos cannoli, rellenos de crema de ricota o Nutella, además de un tiramisú tradicional y una versión con mermelada de fresa. Nada como cerrar con un espresso correcto (con grappa) y una passeggiata, como manda la costumbre italiana de terminar la comida caminando.
Trastevere todavía está definiendo cuánto quiere ser mercado, cuánto bar y cuánto restaurante. Pero cuando se apoya en la coctelería, en las pastas frescas y en algunos platos con raíz regional, empieza a encontrar un camino más interesante que el simple “pedacito de Italia en Lima”. //
Además de los cócteles mencionados y una buena variedad de spritz, hay clásicos italianos que siempre vale la pena revisitar. Como el sencillo Garibaldi, con Campari y jugo de naranja; un Cynar Julep, con menta y soda; o un Rossini, con prosecco y fresas.
Un espacio híbrido pensado como restaurante, bar y mercado, para disfrutar a toda hora.
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