Por Marissa Chiappe

Hace algunos años, cuando trabajaba en Luces, descubrí un local escondido en un pasaje del Centro de Lima. Carolina Uechi ofrecía platos caseros de buena factura para un público que buscaba algo distinto. No era un restaurante de carnes. Todavía no. Carolina había llegado a la cocina por descarte. “Pensé que era una carrera fácil”, confiesa. Las prácticas sí la llevaron, por casualidad, a un restaurante de carnes. Ahí se enamoró del fuego. Pero se encontró con un mundo sin mujeres. En vez de alejarse, se quedó.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: