La guerra entre Rusia y Ucrania cumplirá tres años en febrero del año entrante y, salvo que se cumpla la promesa de Donald Trump de acabar con ella en 24 horas apenas asuma, todo indica que -por desgracia- tendremos todavía combates y bombardeos a lo largo del 2025, pues no se otea en el horizonte una posibilidad cercana siquiera de tregua, menos aún del fin de las hostilidades.
Según el mandatario ruso, Vladimir Putin, su gobierno está listo para conversaciones sobre una resolución pacífica del conflicto bélico, pero reafirmó su exigencia de que Ucrania debe renunciar a su intención de unirse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y reconocer los avances del Kremlin en territorio enemigo.
Como se sabe, el régimen de Volodimir Zelenski y Occidente han rechazado ambos pedidos, sobre todo el primero, pues si bien no hay un calendario de la posible adhesión de Ucrania a la alianza militar liderada por EE.UU. y varios países de la Unión Europea, Kiev ha insistido en que su ingreso en la OTAN es la única garantía de seguridad contra eventuales agresiones rusas en el futuro.
Armado a su medida
Como todo autócrata, a Vladimir Putin no le gusta dar entrevistas sobre temas específicos. Él solo se siente a sus anchas en las conferencias de prensa televisadas donde casi todo está convenientemente coreografiado y las cuales utiliza para reafirmar su autoridad y exhibir su control del escenario político tanto interno como externo. Cada fin de año comparece en una de ellas: esta semana tocó la del 2024, que duró cuatro horas y media. Y según la prensa estatal, más de dos millones de preguntas de ciudadanos de a pie llegaron al programa.
En tono burlón
Putin luce tan envalentonado con los últimos avances rusos en la guerra contra Ucrania que retó a Occidente a un “duelo de alta tecnología del siglo XXI” entre el misil Oreshnik -la nueva joya bélica del Kremlin capaz de transportar carga nuclear y con un alcance de miles de kilómetros- y los sistemas de defensa antiaérea de Estados Unidos y sus aliados. Y no tuvo idea más feliz que poner a la castigada capital ucraniana como el centro de su ‘experimento’: “Que determinan un objetivo, por ejemplo, Kiev. Lanzaremos un bombardeo allí y veremos qué ocurre”.
Guiño a Trump
Si bien reconoció que el reciente asesinato del general Igor Kirillov en Moscú es un fracaso de sus servicios de inteligencia, después infló el pecho y dijo que Rusia se está volviendo un país auténticamente soberano. “No dependemos de casi nadie”, se ufanó antes de mostrar su disposición a reunirse “en cualquier momento” con el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump. “Tendremos muchas cosas de qué hablar”, agregó. En exactamente un mes, cuando el líder republicano retorne a la Casa Blanca, podría haber novedades.