Las “incógnitas desconocidas” del clima, por William B. Gail

"Si el calentamiento avanza rápidamente, las preocupaciones conocidas no serán toda la historia".

    William B. Gail
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    wgail@comercio.com.pe

    Tenemos menos de 10 años para detener la intensidad actual con la que emitimos gases en la atmósfera. Ya no valen mucho más los diagnósticos. (AP)
    Tenemos menos de 10 años para detener la intensidad actual con la que emitimos gases en la atmósfera. Ya no valen mucho más los diagnósticos. (AP)

    Donald Rumsfeld popularizó el término “incógnitas desconocidas” en el 2002 cuando describía los desafíos de vincular a Iraq con armas de destrucción masiva. El cambio climático también puede estar plagado de incógnitas de este tipo y plantea pruebas desalentadoras sobre cómo enfrentar el futuro.

    Una es elegir entre alternativas de política. ¿Deberíamos minimizar los riesgos del mañana al reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o ahorrar dinero hoy y gastarlo una vez que surjan amenazas más completas? El debate político se inclina cada vez más hacia la adaptación.

    Pero no podemos adaptarnos a peligros de incógnitas desconocidas. En tales casos, la adaptación fracasará en gran medida; solo la mitigación será efectiva.

    La Evaluación Nacional del Clima publicada en el otoño pasado proporcionó un resumen científico de los “conocidos”. La versión simple fue esta: la Tierra se está calentando, los humanos son los responsables, los ecosistemas están cambiando y el efecto en las sociedades será grande.

    El informe también caracterizó las incógnitas conocidas: esas cosas que conocemos, pero sobre las cuales buscamos una mayor certeza. Incluyen cuánto se calentará la Tierra con el tiempo, qué tan rápido se elevarán los océanos, y dónde y cuándo se producirán los extremos del clima y la escasez de agua.

    El informe limitó las especulaciones sobre incógnitas desconocidas: los muchos cambios ambientales inicialmente pequeños que son consecuencias potenciales del cambio climático. Lo que realmente surgirá es en gran parte incognoscible debido a la respuesta altamente impredecible al calentamiento de los sistemas físicos y ecológicos de la Tierra.

    Sin embargo, los formuladores de políticas necesitan una especulación creíble. Las generaciones futuras se verán afectadas por las decisiones políticas actuales. Los conceptos básicos son simples: cuanto más calentemos nuestro planeta, más probable será que se produzcan cambios ambientales sorprendentes.

    La mayoría de estos cambios más pequeños deberían ser manejables, abordados fácilmente a través de la adaptación. Inevitablemente, sin embargo, unos pocos raramente evolucionarán y se expandirán hasta que amenacen nuestra seguridad, salud o economía. Nos falta la capacidad de predecir cuáles son cuáles.

    Algunas amenazas podrían ser tan sorprendentes que nuestra imaginación luchará por comprenderlas incluso después de que surjan. Los esfuerzos de respuesta oportunos se verían frustrados por el escaso conocimiento de lo que está ocurriendo y cómo contener la amenaza.

    Si bien el cambio climático aún no ha dado ejemplos claramente atribuidos, el zika insinúa este futuro desalentador. En unos pocos años, se transformó de una enfermedad rara ignorable en un terror médico. Sus consecuencias sociales a largo plazo son profundas, la maternidad afectada en las personas amenazadas por el mosquito que porta el virus. Aunque probablemente no sea un resultado directo del cambio climático, el zika ilustra el tipo de sorpresas inconcebibles y sus consecuencias desmoralizantes, que amenazan con emerger con mayor frecuencia.

    Si el calentamiento avanza rápidamente, las preocupaciones conocidas no serán toda la historia. Las sorpresas imprevisibles de la naturaleza, algunas inimaginables para nosotros hoy, podrían llegar a ser fundamentales para nuestro destino. Sin un compromiso político agresivo con la mitigación al reducir rápidamente nuestras emisiones de carbono, nuestros nietos podrían estar destinados a vivir en un mundo con incógnitas desconocidas de la naturaleza en cada turno de año.

    –Glosado y editado–
    © The New York Times