Nuestros colegios necesitan ayuda urgente. Los terribles casos de abuso físico, emocional y sexual entre estudiantes nos revelan una realidad que no podemos seguir ignorando, ocultando, ni postergando. El silencio solo alimenta la impunidad y deja desamparados a nuestras hijas e hijos, haciendo un daño terrible a la comunidad educativa y por ende a toda la sociedad.
Todos los días somo testigos de cómo se viene naturalizando la violencia, expresiones como “solo estábamos jugando”, “se les pasó la mano” o “así juegan los chicos”, nos revelan por un lado una muy baja comprensión de lo que significa el abuso y sus consecuencias, y por otro lado la falta de empatía. Hoy vemos con asombro que son los propios estudiantes quienes graban, transmiten y avivan la violencia o instan a la autolesión de sus compañeros, lo que nos revela que el sentido de humanidad y sensibilidad frente al dolor del otro/otra es casi inexistente.
De acuerdo con la última encuesta nacional de ConectadaSOS “Uso y riesgos en el entorno virtual” de Aldeas Infantiles SOS Perú, el 62.8% de las niñas, niños y adolescentes encuestados, manifiesta sentir tristeza, molestia o indignación cuando presencia ciberbullying hacia sus pares. Un número que se ha incrementado a comparación de otros años, pero que es fundamental reforzar en la familia y la escuela, para que trabajen de manera conjunta y transformen esa sensibilidad en una cultura de solidaridad y protección que rechace la violencia en cualquiera de sus formas.
La misma encuesta revela que el 59% de estudiantes que enfrentó una situación de abuso, asociado a temas como el ciberbullying, groming o sextorsión, no tuvo el valor para pedir ayuda a un adulto y lo más triste es que, entre los que sí alzaron la voz, 1 de cada 5 no recibió apoyo. Si los centros educativos y las familias son indiferentes o minimizan el daño, mandamos el mensaje de que guardar silencio y vivir en situación de abuso permanente es la única opción que queda. Hoy hay noticias que revelan casos desconcertantes, pero, ¿qué pasa con quienes aún guardan silencio frente al abuso?
Ante esta crisis, el Ministerio de Educación pone a disposición la plataforma del SÍseVe, canal que sirve para reportar violencia escolar y que, al mes de agosto 2026, registró más de 11,800 casos. Además, este año, se ha promulgado la Ley N° 32385, sobre la restricción del uso de teléfonos celulares en las aulas, con el objetivo de frenar el ciberacoso, las distracciones y mejorar la convivencia escolar. Al respecto, la encuesta revela que los principales factores de dificultad que encontrarían los directores para aplicar la ley serían: la resistencia de los padres de familia en un 48%, seguido por un 34.7% que refiere dificultades en la supervisión por parte de docentes.
Sin duda hay mucho trabajo que hacer y esfuerzos que articular. Tomar la iniciativa a partir del establecimiento de sanciones y normas de convivencia son primeros pasos que contribuyen a la prevención, pero es fundamental no perder de vista los problemas de fondo, temas como la salud mental y los problemas estructurales asociados a la impunidad son dos componentes claves que se deben asegurar y que requieren un compromiso activo por parte de directores, docentes, estudiantes, padres y madres, y la comunidad en general. No miremos hacia otro lado.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.