Es auspicioso empezar con una alta aprobación en la primera encuesta, que, por realizarse al décimo día de tomar el mando, más que una calificación a la gestión es, en realidad, la esperanza y la ilusión de que llegarán nuevos tiempos, y se cumplirán las promesas.
Los primeros días de este gobierno vinieron entre aplausos y con mucha expectativa, pero también con algunos claroscuros. Los primeros mensajes fueron bien recibidos, los primeros viajes de la presidenta fueron positivos, algunos ministros han mostrado manejo y actitud, pero parte del Gabinete y muchos de los nombramientos de funcionarios vienen dejando dudas, sobre todo porque a estos últimos se les recluta a pesar de su pasado y de que formaron parte de la gestión que la presidenta calificó de desastrosa.
Adicionalmente, durante estos primeros días se ve un manejo de la gestión gubernamental en tres niveles: i) la presidencia, ii) cada uno de los ministros y iii) las bancadas oficialistas del Congreso, que muestran sus propias iniciativas y estrategias de comunicación, unas positivas y otras contraproducentes, pero que hasta ahora no convergen ni coordinan todo lo que deberían.
Por ejemplo: ¿la presidenta y el ministro de Cultura están de acuerdo con la propuesta del ministro de Justicia de que el LUM esté bajo su administración?
Esa coordinación y trabajo de equipo van a ser muy necesarios ahora que parece que esos primeros días de ilusión dejan paso a la realidad.
Los paros regionales han obligado al gobierno a plantear la solución más rápida y menos riesgosa socialmente: un subsidio (el segundo en 15 días de gobierno), pero las críticas, desde varios sectores, no se han hecho esperar. Y es que si bien baja la inflamación, no cura la enfermedad y genera un precedente. El riesgo es que las circunstancias pongan la agenda y el gobierno pierda la iniciativa.
Esa misma coordinación será necesaria para enfrentar a una oposición que en gran parte muestra los dientes y su rasgo más beligerante al querer interpelar ya a un ministro, querer derogar varias leyes aprobadas por el fujimorismo, y que no hará las cosas fáciles para la delegación de facultades.
Quizás por ello el gobierno no debería poner todos los huevos en la canasta de las facultades, y debería ya tener un plan B. Si no es así, el tema de la inseguridad también va a empezar a pasar factura muy pronto. No se trata de hacer los shows de Jerí, pero sí de mostrarle al país que se es consciente de la urgencia, que se trata de la primera prioridad para el gobierno, y que hay nuevas ideas y estrategias. Hasta ahora no se ve a la presidenta comandando esa lucha junto al ministro del Interior, que parece tener problemas al interior de la PNP.
La comunicación ayuda temporalmente, pero no reemplaza a la gestión, la ayuda y la potencia.
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