El ojo de la tormenta

“En cada intento por desmantelarlo, la esperanza de Lika se refuerza: en algún momento el agua, gota a gota, logrará horadar la piedra”.

    Enrique Planas
    Por

    Editor de El Dominical

    enrique.planas@comercio.com.pe

    Resumen

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    Holandesa de origen y peruana por elección, la escultora Lika Multa deja un legado perdurable. (Foto: Luis Choy/ El Comercio)
    Holandesa de origen y peruana por elección, la escultora Lika Multa deja un legado perdurable. (Foto: Luis Choy/ El Comercio)

    Es una escultura en piedra, cuyo fluir constante cae, gota a gota, sobre un espejo de agua. A su alrededor, dispuestas a manera de un laberinto circular, 26 mil piedras representan a cada una de las víctimas de la violencia, según consta en el registro de la Comisión Nacional de la Verdad y Reconciliación. Es la Madre Tierra que llora por lo que sus hijos se hacen unos a otros. La escultora Lika Mutal, creadora de “El ojo que llora”, creía en la energía de la piedra, en el poder del símbolo, en la resonancia del mito.

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