El miércoles 27 de mayo se conoció el lamentable fallecimiento de Carlos Oliva, quien ocupó una serie de cargos importantes en organismos locales e internacionales. Entre otros, fue viceministro de Hacienda durante el gobierno de Ollanta Humala, miembro del directorio del Banco Central de Reserva, vicepresidente del Banco de la Nación, gobernador alterno ante el Banco Mundial, director suplente de la CAF, economista en el Banco Interamericano de Desarrollo, así como consultor internacional en distintos países de América Latina.
Pero, sin duda, los dos cargos en los que dejó mayor constancia de sus ideas y preocupaciones fueron el de ministro de Economía y Finanzas, durante la administración de Martín Vizcarra, y presidente del Consejo Fiscal, entre el 2020 y el 2024. Llegar a uno solo de los tantos cargos que hemos mencionado aquí requiere una gran dosis de talento y probada solvencia técnica. Haberlos ocupado todos da cuenta de la excelente formación como economista y del gran funcionario que fue Carlos Oliva.
Como titular del MEF, entre junio del 2018 y setiembre del 2019, defendió medidas para incrementar la recaudación y modernizar el sistema de compras públicas, en un contexto marcado principalmente por la necesidad de aumentar los ingresos tributarios y mantener a buen ritmo una economía que daba síntomas de enfriamiento. Pero fue, sin duda, en su paso por el Consejo Fiscal (2020-2024) cuando cumplió un rol importantísimo al ser la voz que daba la alerta en momentos en los que, tras los estragos de la pandemia, los congresistas buscaban aumentar el gasto público. Todos recordamos cómo en aquellos años, pese a que significaba adoptar posturas impopulares, el organismo presidido por Carlos Oliva criticó medidas como los retiros de las AFP, el traspaso de trabajadores CAS a otros regímenes laborales y la aprobación de créditos suplementarios que no estaban presupuestados. Además de expresar su preocupación por la deriva financiera que ya empezaba a mostrar Petro-Perú.
Aquellas advertencias, que en su momento muy pocos quisieron oír, se tradujeron luego en resultados concretos del Perú incumpliendo sus propias reglas fiscales por tres años consecutivos (2023, 2024 y 2025), algo que no ocurría desde que establecimos este tipo de mecanismos a comienzos de los 2000.
La disciplina fiscal que Carlos Oliva tanto defendió en su paso por la administración pública no es una exquisitez técnica. Es, en buena cuenta, una de las razones que explican la recuperación económica que el país experimentó tras la debacle de los 80, que nos permitió reducir la pobreza en casi 40 puntos porcentuales, mejorar la calidad de vida de millones de peruanos, transformar por completo sectores productivos como la agricultura, y que hoy, lamentablemente, algunas opciones políticas minimizan