Módulos Temas Día
Módulos Tomas de Canal

Editorial: El efecto mariposa

Una reforma previsional en Nicaragua ha terminado desnudando la entraña autoritaria y represiva del régimen de Daniel Ortega.

Editorial

Nicaragua

Según la CIDH, hasta la fecha 212 personas han muerto en Nicaragua en el marco de las protestas ciudadanas contra el régimen de Daniel Ortega. (Foto: Reuters/Oswaldo Ríos).

Reuters

Durante más de diez años, el sandinista Daniel Ortega ha gobernado Nicaragua de una manera que difícilmente podría considerarse democrática. El control de la prensa, la persecución política y el copamiento de instituciones fueron ignorados durante años por el apoyo que el ex militar tenía de la clase empresarial, la Iglesia y los militares. Hoy, sin embargo, Ortega enfrenta la crisis más dura de su mandato, con una presión ciudadana en las calles que pide su renuncia y la de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, y sin el apoyo de los empresarios ni los clérigos, sus antiguos aliados. ¿Qué cambió para que un régimen que parecía omnipotente hoy se tambalee al borde de la dimisión?

Todo se inició el 18 de abril pasado, cuando se oficializó en Nicaragua una reforma que buscaba reflotar al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, cuyo déficit ascendía a más de US$70 millones. Entre otras modificaciones, la medida implicaba un aumento de los aportes para los ciudadanos y las empresas, al tiempo que recortaba en 5% las pensiones de los beneficiarios. La norma desató una inédita oleada de manifestaciones callejeras que forzaron al presidente Ortega a dar marcha atrás apenas cuatro días después. Sin embargo, la presión en las calles continúa hasta hoy. No es difícil concluir que, en realidad, los nicaragüenses buscan recuperar la democracia y la libertad cercenada por un régimen que, además, no ha tenido reparos en mostrar toda su entraña represiva y autoritaria para repelerlos.

Sobre esto, el último viernes, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) presentó su informe sobre las “graves violaciones” de los derechos humanos en el país centroamericano. En síntesis, el texto de casi 100 páginas da cuenta de una política represiva (que ha incluido, según el organismo, el uso de fuerza letal “de manera deliberada y sistemática”) por parte del aparato estatal para “disuadir la participación” de los ciudadanos en las protestas. Para la CIDH, la “acción represiva” del régimen ha dejado, hasta ahora, 212 muertos, 1.337 heridos y 507 detenidos.

Pero las tropelías de la administración de Ortega no se agotan allí. Según el informe, existe todo un ‘patrón’ de acción mucho mayor, que implica, entre otros, el uso de grupos ‘parapoliciales’ –jóvenes que atacan a los manifestantes y a la prensa “con la tolerancia” de las autoridades–, la negación de atención médica a los heridos “como forma de represalia por su participación en las manifestaciones”, la inacción de las autoridades para investigar los asesinatos, la coacción a los trabajadores estatales para que no participen en las protestas “bajo amenaza de ser despedidos”, y un abanico más de exabruptos que pintan de cuerpo entero toda la vesania del gobernante.

La crítica situación ha forzado situaciones dramáticas, como la de los heridos que se niegan a ir a hospitales públicos por miedo a represalias (lo que ha convertido a parroquias, escuelas y casas en improvisados centros de salud) o la de familiares de víctimas que son presionadas a firmar compromisos de “desistimiento de denuncia” para poder recibir las actas de defunción.

En realidad, la CIDH no es la única que ha documentado estas vejaciones. En los últimos meses, ciudadanos con cuentas en redes sociales, y organismos como el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos y Amnistía Internacional (AI) han denunciado la cruenta represión contra la ciudadanía. AI, por ejemplo, publicó hace casi un mes un informe que recogía brevemente mucho de lo denunciado por la CIDH y que concluía con esta contundente aseveración: “La respuesta del gobierno nicaragüense ha sido básicamente ilegítima y plagada de serias violaciones de derechos humanos e, incluso, crímenes de derecho internacional”.

En las últimas semanas, ha quedado al descubierto lo que durante una década el régimen de Ortega se esforzó en esconder: su entraña antidemocrática y represora. Un destape que se inició con un error de cálculo del mandatario por una reforma previsional y que ha terminado cercándolo por una ciudadanía que ni siquiera ha aceptado su propuesta de adelanto de elecciones. Y es que a veces, como un efecto mariposa, los pequeños movimientos pueden desencadenar los grandes cambios.

Tags Relacionados:

Nicaragua

Daniel Ortega

Leer comentarios ()

SubirIr aúltimas noticiasIr a Somos

Mantente siempre informado y disfruta de cientos de beneficios exclusivos del CLUB EL COMERCIO

¡SÉ PARTE DEL CLUB EL COMERCIO!

SUSCRÍBETE AQUÍ
Ir a portada