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Editorial El Comercio

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El Gabinete que encabeza la señora Violeta Bermúdez iniciará hoy –y culminará mañana– su presentación ante el pleno del Congreso para exponer la política general del Gobierno en los meses que quedan antes del cambio de mando y solicitarle a la representación nacional el voto de confianza necesario para ir adelante con su gestión. Lo que parecía anunciarse como un procedimiento sin sobresaltos, sin embargo, ha ido convirtiéndose en un trance de pronóstico reservado a raíz de los eventos que han marcado la coyuntura política en los últimos días y por la forma en que el Ejecutivo y el Legislativo han reaccionado hasta ahora frente a ellos.

Si bien en el papel es el Gabinete el que será evaluado por la representación nacional –es aquel el que tendrá que exponer su visión del país para los próximos meses y es esta la que ratificará, o no, la continuidad del primero–, la realidad indica que será el Congreso el que estará en evaluación ante la ciudadanía. Después de todo, en los próximos días veremos si los legisladores han sacado las lecciones pertinentes luego de los eventos que se han suscitado en el país en las últimas semanas y a los que ellos, precisamente, nos empujaron.

Los últimos sucesos, no obstante, parecen sugerirnos que no.

Ayer, por ejemplo, Rubén Vargas presentó su renuncia como ministro del Interior, tan solo 14 días después de haber asumido el cargo. Su dimisión llega tras una semana de críticas contra él por los relevos dispuestos en el alto mando de la Policía Nacional del Perú (PNP); una decisión que, si bien generó cierto malestar en algunos cuadros de la institución y en ciertos sectores políticos, había sido defendida públicamente tanto por el presidente Francisco Sagasti como por la primera ministra.

En su carta de renuncia, no obstante, Vargas sostiene que “las medidas implementadas […] han afectado el ánimo de algunos sectores políticos, poniendo en riesgo el camino trazado”. Una inequívoca alusión a la moción de interpelación en su contra que venían preparando tres congresistas de Unión por el Perú (UPP) y que previsiblemente iba a suponer hoy un flanco de ataque en la presentación del Gabinete.

Ayer, además, el Congreso aprobó por insistencia la ley para la ‘devolución’ de aportes a los afiliados a la ONP, a pesar de los llamados a la reflexión de parte del gobierno de Sagasti y de que este último había adelantado el domingo en una entrevista que, en caso de que el Congreso siguiese adelante con el tema, lo llevaría hasta el Tribunal Constitucional (TC).

Precisamente estas dos situaciones –los cambios en la PNP y la posición del Gobierno sobre una eventual insistencia congresal en la norma de la ONP– han sido esgrimidas por el vocero de Podemos Perú, Aron Espinoza, para justificar el giro copernicano de su bancada sobre el voto de confianza. El pasado 24 de noviembre, Espinoza había asegurado que “Podemos Perú ha decidido darle el voto de confianza a la ‘premier’ por el bien del Perú”. Una semana después, sin embargo, ha afirmado que “hemos decidido escuchar primero su mensaje, luego evaluarlo, y ahí determinar el voto”.

Un cambio de postura que parece anticipar que el Congreso zarandeará al Gabinete con el tema de la PNP, el de la ONP y con otros, como la derogatoria completa de la ley agraria (a la que el Ejecutivo se ha ofrecido ya modificar).

Es lamentable que en el año, cada vez que parecía que habíamos superado una crisis (por ejemplo, luego de la primera moción de vacancia contra Martín Vizcarra o tras la juramentación del Gabinete Cateriano) ciertas bancadas se hayan encargado de desatar una nueva, guiadas, además, por una obcecación sin límites y por unas motivaciones que nunca transparentan.

No es tarde para recordarles, en fin, que la suerte que corra la confianza solicitada por el Gabinete Bermúdez terminará por mostrarle al país si los congresistas han madurado siquiera un poco luego de lo vivido en noviembre.