
Para todo aquel que ha visitado grandes capitales de Europa, Estados Unidos e incluso América del Sur, resulta verdaderamente desagradable contemplar nuestros destartalados automóviles públicos conducidos por individuos con vestimenta poco menos que andrajosa. El automóvil limpio, cómodo y conducido por un chofer vestido como tal no existe en Lima. Los propietarios de estos automóviles indeseables ganan mucho dinero, pagan poco a los choferes y sienten un profundo desprecio por el público, ya que el servicio es malo.
H.L.M.

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