Richard Cisneros, conocido como Richard Swing, tuvo en su periplo de conferencias improvisadas la sede del Congreso y los exteriores de Palacio de Gobierno. (Foto: César Campos / GEC)
Richard Cisneros, conocido como Richard Swing, tuvo en su periplo de conferencias improvisadas la sede del Congreso y los exteriores de Palacio de Gobierno. (Foto: César Campos / GEC)
Alicia Rojas Sánchez

escogió sus escenarios para las nuevas declaraciones que tenía preparadas: con los micrófonos prendidos y las cámaras enfocando su diminuta y rebelde mascarilla, Swing –aunque esta denominación ahora lo enerva– debía aprovechar los minutos que el escándalo le proporcionaba en una jornada que ya estaba agitada.

Antes de las 8 de la mañana, un número importante de medios de comunicación atendía con estupor cada una de las declaraciones de este personaje. El espectáculo se agolpaba en una puerta estrecha que desafiaba todos los protocolos de la pandemia. “Respeten mi salud”, exclamó Richard Cisneros –y no Swing– en medio de la reunión que él había orquestado en el frontis de su casa, en San Isidro.

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Los personajes

A diferencia de la primera vez que se sometió al escrutinio público, cuando fue interrogado en el Congreso, en esta ocasión Cisneros dio rienda suelta a los personajes que en él subsisten: el Richard analista, intrigante y, por qué no, motivador.

En 40 minutos de transmisión en canales nacionales, Cisneros desfiló con sus aflicciones: se consideró un “peldaño” para llegar al presidente y, así, acabar con su mandato. Acusó a los congresistas de querer enfundarse la banda presidencial, y advirtió que tiene 278 audios de los congresistas Edgar Alarcón y Manuel Merino. El círculo de las grabaciones sin fin.

Mientras, hacía oídos sordos a las preguntas de fondo del caso que lo involucra, y que empezó con los nueve servicios que brindó al Ministerio de Cultura hasta abril de este año. A inicios de setiembre, la contraloría determinó en un informe que los pagos que recibió Swing por el monto total de S/155.400 fueron indebidos. La conclusión precisa que el cantante no contaba con la especialidad, perfil o experiencia para el trabajo que realizó. Pero Cisneros seguía empecinado en que se escucharan sus propios audios.

Previamente, en su afán de sacudirse de la conversación que se oyó el jueves en el Congreso, dijo que lo que habló con Karem Roca, la funcionaria palaciega que era parte del círculo de confianza de Vizcarra, era falso. Ahí había soltado frases risibles como “ese señor [Vizcarra] cerró el Congreso porque yo se lo ordené”.

Richard Swing en su conferencia improvisada en los exteriores del Congreso.
Richard Swing en su conferencia improvisada en los exteriores del Congreso.

Las correrías de Swing

Acomodado en un nuevo escenario, el Congreso, Richard Swing volvió a la carga horas después. “Aquí estoy, dando la cara. Soy el doctor honoris causa Richard Cisneros y hoy van a volver a saber de mí”, dijo el cantante, esta vez muy turbado y con la mascarilla retirada. Su conferencia improvisada dejó más momentos sinsentido cuando se negó a responder las preguntas de un reportero, generando risas fuera de lugar y momento.

La gira Swing acabó cuando el cantante llegó hasta Palacio de Gobierno para, como lo había anunciado, dejar una carta dirigida al presidente Martín Vizcarra.

Cerca de la 1 de la tarde, se acercó a la mesa de partes de la Presidencia para dejar la misiva en la que indicaba que “es de suma urgencia y vital [la reunión con el presidente] porque malos elementos del Congreso están conspirando contra usted”. A partir de ahí, Swing se alejó de la prensa y pidió que no lo siguieran más. El espectáculo tenía que terminar.

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