Local USAquí, mirar hacia arriba no es opcional. Lo saben todos los que alguna vez han pasado en carro o a pie por el cruce de las Av. Javier Prado y Paseo de la República, y han contemplado la Torre Interbank, un edificio cuya fachada curvilínea y de titanio parece seguirte con la mirada.
Este emblemático edificio, que marcó un antes y un después en la arquitectura corporativa del país, cumple 25 años en la ciudad, pero su historia contempla muchas curiosidades que valen la pena volver a revisar.
Más que una sede corporativa: un símbolo del futuro
Quizás la expresión más clara del compromiso con la excelencia de Interbank es su torre, contó en una entrevista Ramón Barúa, CEO de Intercorp durante 21 años. Cuando en 1994 se adquiere Interbank en un proceso de reprivatización, se define un nuevo rumbo: convertir a la empresa en el mejor banco de las personas de la región. Para lograrlo, debían tener una sede espectacular y funcional.
Para la misión, la empresa quería contar con el mejor arquitecto del mundo. Y luego de un concurso internacional, Hans Hollein fue el elegido. El austriaco y premio Pritzker 1985 —el premio Nobel de la arquitectura—, tenía una visión diferente: su proyecto buscaba conectar arte, vida cotidiana y diseño.

Una chullpa moderna en el corazón financiero
Lo que pocos saben es que la modernidad de la Torre Interbank tiene raíces milenarias. Hollein no diseñó desde la distancia: viajó por el Perú y quedó fascinado por la arquitectura incaica. En sus viajes, encontró en las chullpas —antiguas torres aymaras e incas— la inspiración para la forma cilíndrica y levemente inclinada de la Torre A.
Además, la base del edificio, un sólido zócalo de piedra andina que ancla la estructura a la tierra, reinterpreta los muros de la fortaleza de Sacsayhuamán. Este muro, tallado de manera artesanal en el mismo lugar de la obra, tardó casi tres años en completarse, funcionando como una “raíz” que sostiene al titanio y vidrio que se alza hacia el cielo.
La torre es, en esencia, una síntesis de peruanidad: la solidez de nuestra historia sosteniendo la innovación del futuro.

Ingeniería peruana para un desafío mundial
Construir el sueño de Hollein fue una hazaña técnica que puso a prueba la ingeniería nacional. Inaugurada oficialmente el 30 de enero de 2001, la torre demandó tres años de trabajo y una inversión de 40 millones de dólares. Su característica más desafiante, esa inclinación que parece desafiar la gravedad con un voladizo de 16 metros, requirió soluciones antisísmicas de vanguardia.
El equipo de construcción estuvo conformado por brillantes expertos peruanos que hicieron realidad lo que parecía imposible en los planos. Fueron decenas de arquitectos e ingenieros que participaron del proyecto, y más de 500 obreros peruanos participaron en la construcción.
Fue tanta la magnitud del desafío que estudiantes de arquitectura e ingeniería de universidades europeas viajaban a Lima solo para presenciar la construcción.

Un legado que trasciende el concreto
La Torre Interbank es un hito de la identidad corporativa peruana. Fue el primer edificio en Lima que no solo buscaba albergar oficinas, sino comunicar un mensaje: somos el futuro del Perú, sin pronunciar una sola palabra.
Su ubicación en el cruce vial más importante de la ciudad la convirtió en una bisagra urbana entre la Lima tradicional y el nuevo centro financiero, elevando la valla para todas las construcciones que vinieron luego.

Hoy, 25 años después, la torre sigue vigente, no como un monumento del pasado, sino como un símbolo que sigue definiendo el ritmo de una ciudad que nunca se detiene.
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