Línea anti COVID-19: la cartera inteligente que alerta cuando alguien sobrepasa la distancia social
La distancia social es un acto clave para evitar la propagación del coronavirus. Un emprendimiento peruano ideó un artículo que mezcla la moda con la tecnología para sumarse a la lucha contra la pandemia: una cartera inteligente con sensores, GPS y cargador para celular. Conozca más de esta innovadora propuesta
Ya lo advirtió un reciente estudio publicado en la revista PLoS Medicine: la distancia social es una de los aliados claves para evitar la propagación del coronavirus. A este, claro, se suma la mascarilla y el lavado de manos. Esta distancia debe ser, al menos, de un metro y medio. En la práctica es más complicado llevarlo a cabo. Consciente de ello, Anna Marcella Bravo quiso que Burana (que viene del quechua Rurana y significa “hecho a mano”) se sume a la lucha contra la pandemia desde su rubro: la moda. Así nació la línea Smart Glam. Su primer artículo es una cartera inteligente que alerta -a quien la use- si no están respetando este distanciamiento en la calle.
Esta sinergia entre la tecnología y la moda, sin embargo, se remonta hace dos años, cuando los invitaron a participar del 3D Fashion Week de Fab Lab, en Miraflores. “Cuando nos llamaron al evento, no se nos ocurría este mix. Empezamos a analizar algunas propuestas del extranjero. Vimos que en Japón ya había inteligencia artificial, la realidad aumentada. Nos aliamos con diferentes colegas del Senati y presentamos un prototipo de algo totalmente distinto”, rememora la diseñadora y co-fundadora de Burana. Lo que presentaron fue una cartera que tenía un código QR. Quien la escaneara podía tener detalles del producto como marca, país de proveniencia, precio, entre otros. La idea quedó, pero la crisis sanitaria terminó por dar forma al proyecto: una propuesta con utilidad para lo que se viene.
En aproximadamente tres semanas lograron el primer prototipo de la cartera Smart Glam. Una vez encendido, el accesorio reconoce por medio de los sensores ultrasonido la distancia entre quien la porta y otro individuo. Si alguien no respeta el metro y medio, las luces LED se encienden en forma de espiral y comienza a vibrar para alertar tanto al individuo que se acerca como al portador de la cartera. El artículo necesita de una noche de carga y su tiempo de duración de batería es de un mes. “Tenemos un partner que es ingeniero mecatrónico y él está viendo todo el tema de los circuitos. Una cosa es cómo una lo diseña y otra es realmente hacerlo funcionar”, comenta Anna Marcella.
Actualmente están desarrollando un segundo prototipo que incluya un cargador para celular. Además de un GPS para localizar las zonas donde se ha tenido más contacto con personas que no han respetado la distancia, y que permita también localizar la cartera en caso de pérdida o robo. Para eso, se contará con una aplicación para iOS y Android. Esperan tener listo el producto a inicios de setiembre y el precio estimado es entre 800 a 900 soles. Sin duda, un aliado con estilo.
SOBRE BURANA
Hace cinco años, Rita Maltese recibió un regalo que le cambió la vida: una manta telar tejido a mano por parte de una trabajadora del hogar originaria del caserío San José de Matalacas, en Piura. Rita y su hija Anna Marcella conocían a una maestra que confeccionaba modelos de carteras de cuero y se les ocurrió usar una parte del telar en la cara principal de una cartera. “Así nacieron las primeras carteras. (…) Hicimos una expedición al caserío, que fue casi imposible porque había que ir a caballo y después a pie. La frase que nos emocionó fue ‘nunca nadie me había dado dinero por un telar’. Quisimos unir lo ancestral con lo elegante”, agrega Bravo.
Continuaron trabajando con distintas comunidades del Perú para desarrollar colecciones de edición limitada. Entre ellas se encuentran la colección Matalacas (sierra), Eten (costa), New Koribeni (selva), entre otras. Siempre buscando generar un impacto social. En el 2017, Burana fue la primera empresa en firmar el convenio Cárceles Productivas con el INPE. Implementaron un taller dentro del penal Santa Mónica de Chorrillos donde capacitó por más de dos años a las mujeres internas de manera constante en el arte de la marroquinería para que pudieran aprender un oficio y pagar su reparación civil con el objetivo que puedan reinsertarse exitosamente a la sociedad.