Cada año los matrimonios cambian de materia prima. Lee la columna de Renato Cisneros. (Foto: archivo personal)
Cada año los matrimonios cambian de materia prima. Lee la columna de Renato Cisneros. (Foto: archivo personal)
Por Renato Cisneros

Fue en la Alemania medieval donde empezó esa peculiar tradición de asociar aniversarios matrimoniales con materiales. Al cabo del primer año, por ejemplo, los esposos celebran sus ‘bodas de papel’, mientras que al año ciento uno –si llegan en condiciones– cumplirán sus ‘bodas de marfil’. En medio de esos extremos se recurre a toda una gama de elementos que van desde lo más endebles hasta los indestructibles: a los diez años se festejan las ‘bodas de aluminio’; a los veinte, ‘de porcelana’; a los veinticinco tocan las famosas ‘bodas de plata’; a los cincuenta, las legendarias ‘bodas de oro’; a los setenta, las ‘bodas de titanio’; y a los cien años el festejo recibe un nombre más bien cadavérico: ‘bodas de hueso’.

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