(Foto: Colegio de Nutricionistas del Perú)
(Foto: Colegio de Nutricionistas del Perú)
Oscar García

Redactor en la revista Somos

oscar.garcia@comercio.com.pe

Un manual para sobrevivir en tiempos de los octógonos de alimentación saludable. ¿Cómo va a cambiar nuestra vida ahora que sabemos exactamente qué comemos? Es una tarea para los consumidores, pero también para las empresas que quieran estar del lado de la salud.

La vida hace 1,8 millones de años, cuando los humanos empezaron a cocinar con fuego, se antoja sencilla si se le compara con la confusión de estos tiempos. Había otros peligros, como las calamidades climáticas o ser devorado por fieras, pero al menos uno tenía la certeza de qué era lo que se llevaba a la boca. Cocinar con fuego fue una de las primeras formas en que la humanidad empezó a procesar sus alimentos, a intervenirlos. Luego aprenderíamos a añadirles sal para mejorar su sabor o conservarlos. Fueron los primeros pasos de una cadena que en algún punto, hacia el siglo XX, se nos fue de control. Así llegamos a la era de la comida que no es comida, que no tiene nutrientes ni alimenta. Posee sabores deliciosos, colores llamativos y provoca antojos, y uno es muy libre de consumirlos si desea, aunque su ingesta en exceso se relacione con varias enfermedades y hasta con la muerte.

El 17 de junio de este año los peruanos nos despertamos en un mundo distinto del que estábamos acostumbrados, en el que ciertas golosinas y otros productos procesados y ultraprocesados, como si hablaran, de pronto nos sugirieran que por favor no los comamos o que no lo hagamos con la frecuencia usual. Todo de acuerdo al recientemente aplicado Manual de Advertencias Publicitarias, que establece la colocación de grandes octógonos negros de alerta en ciertas comidas procesadas, en cumplimiento con la Ley de Promoción de Alimentación Saludable para Niños, Niñas y Adolescentes, promulgada en el gobierno de Ollanta Humala.

La mencionada legislación data del 2013, pero nunca se le había sentido tan presente como ahora, quizá porque, por motivos que causan sospecha, se le hizo dormir en un cajón de Palacio durante cuatro largos años. “La ley saludable disponía que su reglamento fuese presentado en un máximo de sesenta días y, en cambio, pasaron años.No había ninguna voluntad del Ejecutivo de entonces de cumplirla. Que se presente y apruebe ha sido toda una lucha”, dice Saby Mauricio, directora de la escuela de Nutrición Humana de la Universidad Norbert Wiener.

-LA ÁSPERA BATALLA POR LOS OCTÓGONOS-
La ruta para lograr el reglamento de la ley saludable, que contempla además educación en colegios y promoción del ejercicio, fue de lo más accidentada. En el 2016, Mauricio, que entonces era la decana del Colegio de Nutricionistas del Perú, empezó a comprarse un pleito que le valió antipatías y enconos por parte de sectores alérgicos a la palabra ‘regulación’, y hasta una amenaza de muerte, que le confiesa a Somos con voz bajita. Eso no la distrajo y salió a los medios a exigir el reglamento: organizó caminatas y reuniones que lograron algunos avances, aunque nada resultara más efectivo que un escándalo.

En el 2017 estalló el caso de Pura Vida, que el lector seguramente recuerda como el caso de ‘la leche que no era leche’, un problema mayúsculo que puso contra las cuerdas al Ejecutivo, quien reaccionó casi de inmediato aprobando por fin el reglamento de marras. Este contemplaba, entre otras cosas, los mencionados octógonos de advertencia, que son un sistema importado de la legislación chilena y que obliga a las empresas a informar con etiquetas negras cuando sus productos tienen alto nivel de azúcar, sodio, grasas saturadas y grasas trans, todos elementos asociados a la epidemia mundial de obesidad, a la diabetes, la hipertensión, la arterioesclerosis y más enfermedades.

Golosinas, bebidas y octógonos: manual para aprender a comer de nuevo. La tapa de Somos de este sábado 29.
Golosinas, bebidas y octógonos: manual para aprender a comer de nuevo. La tapa de Somos de este sábado 29.

Una última batalla, librada contra el Congreso el año pasado, fue por la pretensión de este de modificar la ley y así reemplazar el sistema de octógonos –que recomendaba el Ministerio de Salud y la Organización Mundial de la Salud– por un sistema de colores llamado semáforo, utilizado en algunos países de Europa y Ecuador, y que presentaba hasta 240 combinaciones posibles. “A mí me acusaron de tener intereses detrás, de estar pagado, cuando salí a denunciar lo que estaba pasando”, recuerda, un poco dolido, el doctor Elmer Huerta, que se fajó por los octógonos en cuanta tribuna le dieron. “Lo que me decidió a hablar del tema fue ver la acción de los políticos, y cuando era bastante obvio que estaban cediendo a la presión de la industria y sus lobistas, y nadie decía nada”. Al final, el presidente Vizcarra observó la ley semáforo y acto seguido publicó el manual de advertencia con los octógonos.

-OCTÓGONOS: UN BREVE MANUAL DE SUPERVIVENCIA-
Los famosos sellos negros ya están entre nosotros desde la semana pasada y lo que el peruano común, naturalmente confundido en estos días, se pregunta es: qué puedo comer ahora. Una visita a un anaquel de un supermercado puede dejarlo a uno mareado, entre tantas etiquetas negras, incluso de productos que se suponían light o saludables, como ciertos yogures o cereales. Eso de no tener certezas es un panorama que desconcierta.

Un estimado de la nutricionista Saby Mauricio presupone que entre un 80 o 90% de productos procesados en supermercados actualmente requerirán el sello negro, por ser altos en azúcar, sodio, grasa saturadas o trans. Algo importante a destacar es que la ley no prohíbe que se consuman estos productos procesados. Los octógonos solo hacen visible información nutricional relevante que está detrás de todo empaque, y que puede pasar desapercibida para el consumidor no informado acerca de los estándares nutricionales o del patrón que aconseja el Minsa.

Dicho esto, si alguien quiere seguir comiendo su producto favorito, nadie se lo va a impedir ni se le va a meter preso. Pero habrá algunos que, ya mejor informados, quizá opten por una oferta similar a la de su preferencia pero que no tenga octógonos. Es en estos casos que entra a tallar la responsabilidad de la empresa privada.

Hay actualmente en el mercado peruano productos procesados que están libres de octógonos. Un ejemplo es la marca Unión, que elabora panes y galletas. En el segmento de los snacks, la firma InkaCrops se anuncia como la única fabricante de papas fritas y similares que no necesita octógonos. “Este es un tema que ya teníamos mapeado desde hace años, cuando se dio la ley en Chile y tuvimos que adecuarnos a esa legislación”, dice Ignacio Garaycochea, gerente comercial de InkaCrops, que produce las marcas Inka Chips, Veggie Chips, InkaCorn y otros. Con un 85% de sus ventas orientadas a la exportación, era un tema serio el adaptarse a los estándares internacionales. Para Garaycochea, son perfectamente posibles productos sin octógonos, pero ello requiere una inversión en investigación y en un departamento de desarrollo que permita encontrar formas nuevas de producción y que sean competitivas. “En nuestro caso, nos fue bien con el aceite de girasol, que escogimos luego de probar con varios. Pero, lógicamente, es un gasto porque lo tenemos que traer por barco, no es que se produzca acá”.

-LA OBESIDAD EN LA MIRA-
Con la venda retirada al fin de los ojos, la dura realidad que nos han traído los octógonos es de tal calibre que el que menos está sorprendido, como ese aturdimiento que sigue a un golpe. El momento, sin embargo, es bueno. Esta semana, el Minsa anunció que en el Perú existen 2,5 millones de niños menores de cinco años con problemas de sobrepeso y obesidad. Estos se han incrementado en los últimos 20 años por el “exceso de consumo de alimentos de alto contenido energético y bajo valor nutricional”, léase ultraprocesados o comida ‘chatarra’, señaló la entidad.

En opinión de los expertos, necesitamos aprender a comer de nuevo, informarnos sobre lo que ingerimos, las porciones que comemos y desaprender viejos hábitos. “Cuando yo era niña, en las casas se compraba una gaseosa familiar para todos y a cada uno le tocaba medio vaso, y no había más. Hoy hemos asumido que la porción personal es una botella de medio litro. Eso es un exceso”, piensa Mauricio. Para el doctor Huerta, la población necesita paciencia. “Sigue comiendo lo que te gusta, pero tienes que bajar cantidad y frecuencia. Estoy seguro de que en un año y medio las empresas verdaderamente responsables bajarán sus niveles y así nos iremos librando de los octógonos”. //