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La genética reescribe nuestra historia

Un análisis de ADN de la población indígena de Chachapoyas reveló que los habitantes originarios no fueron desarraigados por los incas a finales del siglo XV

Ruinas Chachapoyas

(Foto: Alessandro Currarino/El Comercio)


La población de la cultura Chachapoyas no fue desarraigada en masa tras la llegada de los incas, a finales del siglo XV, tal como figura en nuestra historia formal. Un reciente estudio internacional –con la participación de científicos peruanos– usó el análisis de ADN en la población indígena actual de la zona para demostrar que la distinción genética de sus antepasados se mantiene hasta hoy.


La investigación –publicada en la revista “Scientific Report”– fue desarrollada por especialistas del Instituto Max Planck de Ciencias de la Historia de la Humanidad, de Alemania, y de la Universidad de San Martín de Porres (USMP), del Perú. La genetista italiana Chiara Barbieri fue la autora principal del estudio. 

ADN Chachapoyas infografía

(Infografía Antonio Tarazona)


De acuerdo con el trabajo, la población actual de Chachapoyas se mantuvo relativamente aislada. Esto explicaría la herencia genética de los chachapoyas que se ha podido identificar. “Todavía existe un componente fuerte de supervivencia del nativo americano a pesar de toda la mezcla con genes europeos desde la conquista española”, indica Barbieri según el portal Eureka Alert.


—VIAJE AL PASADO—
“La genética contribuye con otras ciencias a develar la historia que no se conoce. Sostengo que hay aún un 97% de nuestra historia que no se conoce porque el hombre llega al Perú hace unos 15.000 años. Nuestra historia escrita tiene solo unos 500 años de antigüedad. Eso es el 3%. Lo más antiguo que conocemos son mitos y leyendas. Y antes de eso, nada. La genética nos permite conectar marcadores de ADN antiguo con el moderno para obtener estos resultados”, dice a El Comercio el doctor Ricardo Fujita, director del Centro de Genética y Biología Molecular de la USMP, quien participó en la investigación.


El experto señala que para el estudio se seleccionó a habitantes modernos de la zona. Luego, se les sometió a una encuesta para determinar si son nativos. Después, se recolectó su ADN para el análisis, teniendo en cuenta una gran base de datos de poblaciones conocidas. 


“Este trabajo es como si fuera un test de paternidad, pero entre pueblos”, detalla.


No obstante, la investigación tomó en cuenta el tema lingüístico de la zona. Durante un trabajo de campo, el grupo internacional de científicos descubrió que el quechua estaba por desaparecer en Chachapoyas. Y aunque se ha relacionado este tipo de quechua con el que se habla en Ecuador, un análisis de ADN ha demostrado que no tienen conexión alguna.


“Parece que el quechua llegó a Chachapoyas sin un movimiento grande de personas, lo cual tampoco encaja con la versión de que los incas forzaron al pueblo de Chachapoyas a retirarse”, explica Paul Heggarty, lingüista y otro de los autores del estudio.


“Tras la llegada del quechua y el español, las lenguas de Chachapoyas se extinguieron. Recuperar algo de ellas es un verdadero rompecabezas y un desafío para los lingüistas. Dejaron muy pocas huellas, pero hay determinadas combinaciones de sonidos características que sobreviven todavía en los apellidos y topónimos, como la misma (fortaleza de) Kuélap”, señala Jairo Valqui, otro coautor del estudio. 


—OTROS HALLAZGOS IMPORTANTES—
Desde el 2000, el Centro de Genética y Biología Molecular de la Facultad de Medicina Humana de la USMP inició varios proyectos dedicados al rastreo genético. En el 2007, es invitado a participar en un proyecto internacional, lo que le permite mayor proyección, así como el acceso a más información.


En el 2013, el centro participó en una investigación de National Geographic para determinar la línea genética de los habitantes de los Uros, en el Perú y en Bolivia. De acuerdo con el hallazgo, esta etnia cuenta con una genética ancestral distintiva que data de hace unos 3.700 años, casi desde los primeros asentamientos humanos en el Altiplano.


En el 2016, una nueva investigación determinó que el origen de la población Quechua Lamista –que vive en la selva pero habla quechua propio de los Andes– era netamente amazónico. El mito señalaba que este pueblo estaba compuesto por descendientes de los guerreros chankas y prokras (de Apurímac y Huancavelica), que llegaron a la selva escapando del dominio de los incas.


—CONFIRMACIÓN—
El arqueólogo peruano Federico Kauffmann Doig, experto en la cultura Chachapoyas, confirmó que los antiguos pobladores de esa zona resistieron casi 50 años la invasión inca. “Solo fueron desarraigados de su terruño una parte de la población bajo el sistema de los mitimaes o mitmaq-kuna”.


Según menciona en su más reciente libro, “La cultura Chachapoyas”, existe la certeza que un grupo de mitimaes chachas fue trasladado al barrio de Carnenca en el Cuzco. “Fueron estos los que debieron ser los artesanos que decoraron el Andén VIII de Choquequirao. Y es que la técnica empleada en este elemento de Choquequirao, de plasmar signos mágico religiosos en la pared, es puramente chacha ya que no fue practicada por ninguna de las demás culturas del Perú ancestral”.


Para Kauffmann Doig esta es una prueba de que el sistema de mitimaes aplicado por los incas no siempre apuntaba a desarraigar a grupos de naciones rebeldes que iban siendo incorporadas al Incario, las eran reemplazados por gente leal a los cuzqueños.

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