Vicuña en Pampa Galera: Foto: Gabriel Herrera.
Vicuña en Pampa Galera: Foto: Gabriel Herrera.
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La Reserva Nacional Pampa Galeras Bárbara D’Achille es el hogar de la vicuña (Vicugna vicugna) en Perú. Un lugar a 4100 metros de altura en Ayacucho donde actualmente viven alrededor de 17 mil vicuñas: 4 mil dentro de la reserva y otras 13 mil en las zonas aledañas.

Estos camélidos en el Pampa Galeras son parte de una población de 200 000 ejemplares que recorren los Andes en todo el Perú. Pero no siempre fue así. Entre las décadas de 1950 y 1960 la caza furtiva estuvo a punto de acabar con este hermoso animal. La población, que en ese momento bordeaba los 5 millones de ejemplares en el Perú, se redujo a apenas 5000.

Alrededor de 5000 vicuñas habitan en la Reserva Nacional Pampa Galeras Barbara D’Achile.
Alrededor de 5000 vicuñas habitan en la Reserva Nacional Pampa Galeras Barbara D’Achile.

Un trabajo de más de cinco décadas emprendido por el gobierno peruano en coordinación con comunidades campesinas ha logrado la recuperación de la vicuña.

En este viaje virtual, el fotógrafo Gabriel Herrera nos sumerge en la reserva de Pampa Galeras para mostrarnos la majestuosidad del paisaje que alberga, además de vicuñas, otras especies como vizcachas (Lagidium peruanum), búhos (Bubo virginianus), gansos andinos (Chloephaga melanoptera), entre muchos otras.

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Primera parada: el paisaje andino

La Reserva Nacional Pampa Galeras Bárbara D’Achille tiene una extensión de 6500 hectáreas, en la provincia de Lucanas, Ayacucho, pero su zona de influencia se calcula en 60 000 hectáreas, según el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), que tiene a su cargo esta zona de conservación de la vicuña.

Los bofedales –humedales de altura– constituyen un punto de encuentro de grandes tropillas de vicuñas. Foto: Gabriel Herrera.
Los bofedales –humedales de altura– constituyen un punto de encuentro de grandes tropillas de vicuñas. Foto: Gabriel Herrera.

La mayor parte del territorio está cubierto por pajonales, vegetación que capta el agua de la lluvia y del ambiente para filtrarlo hacia tierras más bajas. Pero también se encuentran bosques (Polylepis sp.), una especie que crece en las alturas de los Andes tropicales, por encima de los 3 000 metros.

Una caminata hacia las zonas altas de la reserva permite observar densos bosques de queñual (Polylepis sp.). Foto: Gabriel Herrera.
Una caminata hacia las zonas altas de la reserva permite observar densos bosques de queñual (Polylepis sp.). Foto: Gabriel Herrera.
Las yaretas (Azorella compacta) se desarrollan por encima de los 3,200 metros de altura y crecen un milímetro al año en promedio. Foto: Gabriel Herrera.
Las yaretas (Azorella compacta) se desarrollan por encima de los 3,200 metros de altura y crecen un milímetro al año en promedio. Foto: Gabriel Herrera.

Otras especies de flora características de la reserva son el quishuar (Buddleja sp.), un árbol andino considerado sagrado que crece por encima de los 3000 metros de altura en Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia; y la yareta (Azorella compacta) un arbusto similar al musgo que puede superar los 3000 años de vida.

Especies como el quishuar (Buddleja sp.) forman parte de la flora de la reserva Pampa Galeras. Foto: Gabriel Herrera.
Especies como el quishuar (Buddleja sp.) forman parte de la flora de la reserva Pampa Galeras. Foto: Gabriel Herrera.

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Segunda parada: la conservación de las vicuñas

La  concentra la mayor población de vicuñas en Perú, y en el mundo, en un espacio reducido, indica Sernanp. Es una especie que habita entre los 3500 y 5000 metros de altura en cuatro países de la región: Argentina, Bolivia, Perú y Chile.

Las vicuñas son animales muy territoriales y viven en grupos jerarquizados, dominados por un macho adulto, varias hembras y sus crías. Foto: Gabriel Herrera.
Las vicuñas son animales muy territoriales y viven en grupos jerarquizados, dominados por un macho adulto, varias hembras y sus crías. Foto: Gabriel Herrera.
Entre las décadas de 1950 y 1960 la caza furtiva redujo drásticamente la población de la vicuña. Foto: Gabriel Herrera.
Entre las décadas de 1950 y 1960 la caza furtiva redujo drásticamente la población de la vicuña. Foto: Gabriel Herrera.

La puso en grave riesgo a esta especie, perseguida por los cazadores ilegales, debido al valor de su lana. En la década de 1960 su población dentro de la reserva llegaba apenas a los 1000 ejemplares, y en todo Perú apenas había 5000 animales. Por esa razón, la vicuña llegó a ser declarada En Peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Actualmente está en la categoría de .

Una pareja de vicuñas al atardecer. Los adultos pueden medir entre 76 y 86 centímetros hasta el lomo y pesar hasta 65 kilos. Foto: Gabriel Herrera.
Una pareja de vicuñas al atardecer. Los adultos pueden medir entre 76 y 86 centímetros hasta el lomo y pesar hasta 65 kilos. Foto: Gabriel Herrera.
Tras el apareamiento y un periodo de gestación de 310 días, las hembras de vicuña dan a luz una sola cría. Foto: Gabriel Herrera.
Tras el apareamiento y un periodo de gestación de 310 días, las hembras de vicuña dan a luz una sola cría. Foto: Gabriel Herrera.

Sin embargo, la recuperación de la especie requirió que un grupo de conservacionistas impulsara la , que se concretó en 1967. En pocos años, la población creció. Sin embargo, entre 1980 y 1994, durante el conflicto armado interno peruano, hubo atentados en la reserva y reaparecieron los cazadores furtivos. Fue a partir de 1991 cuando el gobierno involucró a las comunidades en las tareas de conservación y de aprovechamiento de la fibra, lo que logró expulsar a los cazadores y dar paso a un negocio sostenible.

Alrededor de 200 mil ejemplares de vicuñas hay en todo el Perú. Foto: Gabriel Herrera.
Alrededor de 200 mil ejemplares de vicuñas hay en todo el Perú. Foto: Gabriel Herrera.

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Tercera parada: el chaco, una practica ancestral

El chaccu o chaco es una práctica ancestral que consiste en capturar y esquilar a las vicuñas para aprovechar su fibra, un insumo para la confección de finas prendas de alto valor en el mercado. Un kilo de lana de vicuña puede costar hasta 500 dólares en el mercado internacional.

Don Sinesio es cuidador de la estancia de Iruro, vecina de Pampa Galeras, que produce fibra de alpaca y vicuña. Foto: Gabriel Herrera.
Don Sinesio es cuidador de la estancia de Iruro, vecina de Pampa Galeras, que produce fibra de alpaca y vicuña. Foto: Gabriel Herrera.

En la Reserva Nacional Pampa Galeras se realizan aproximadamente 14 chaccus cada año, entre mayo y noviembre, pero la fecha central es el 24 de junio, el día del campesino peruano. En cada ritual de esquila participan alrededor de 40 personas. Luego, se debe limpiar la fibra, un trabajo que realizan las mujeres y que requiere mucha fineza y precisión. La venta de fibra de vicuña se ha convertido en una actividad económica rentable para los pobladores de Lucanas.

El kilo de fibra de vicuña puede costar hasta 500 dólares. Foto: Gabriel Herrera.
El kilo de fibra de vicuña puede costar hasta 500 dólares. Foto: Gabriel Herrera.
Una cría de vicuña se alimenta de ichu tierno. Aunque pueden alimentarse a las pocas horas de nacer, las vicuñas son amamantadas durante unos seis meses. Foto: Gabriel Herrera.
Una cría de vicuña se alimenta de ichu tierno. Aunque pueden alimentarse a las pocas horas de nacer, las vicuñas son amamantadas durante unos seis meses. Foto: Gabriel Herrera.

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Cuarta parada: la fauna en la reserva

Si bien la vicuña es la estrella en la Reserva Nacional Pampa Galeras, el área protegida alberga otras especies representativas de este ecosistema. El guanaco (Lama guanicoe) es otro de los camélidos que habita en estos campos, pero también se puede observar a la vizcacha (Lagidium peruanum), la taruca (Hippocamelus antisensis), el zorro andino (Pseudalopex culpaeus), la muca (Didelphis marsupialis) y la comadreja (Mustela frenata).

Las vizcachas (Lagidium peruanum) son habitantes comunes de los roqueríos de la puna. Foto: Gabriel Herrera.
Las vizcachas (Lagidium peruanum) son habitantes comunes de los roqueríos de la puna. Foto: Gabriel Herrera.
Una lagartija del género Liolaemus se pone en guardia ante la amenaza de un depredador. Foto: Gabriel Herrera.
Una lagartija del género Liolaemus se pone en guardia ante la amenaza de un depredador. Foto: Gabriel Herrera.

En Pampa Galeras también se puede observar hasta 20 especies de aves, entre las más representativas están el cóndor andino (Vultur gryphus), la parihuana (Phoenicopterus chilensis), la perdiz serrana (Nothoprocta ornata) y la quiula (Tinamotis pentlandii). Y en las lagunas están el pato jergo (Anas georgica) y el pato sutro (Anas flavirostris).

La huallata o ganso andino (Chloephaga melanoptera) es un habitante común de los bofedales y lagunas de la reserva. Foto: Gabriel Herrera.
La huallata o ganso andino (Chloephaga melanoptera) es un habitante común de los bofedales y lagunas de la reserva. Foto: Gabriel Herrera.
Una pareja de parihuanas o flamencos andinos (Phoenicopterus chilensis) descansan a orillas de una pequeña laguna cercana al centro de visitantes de la reserva. Foto: Gabriel Herrera.
Una pareja de parihuanas o flamencos andinos (Phoenicopterus chilensis) descansan a orillas de una pequeña laguna cercana al centro de visitantes de la reserva. Foto: Gabriel Herrera.

Pinturas rupestres que muestran cazadores en cuevas y, por supuesto, vicuñas, han sido encontradas en la reserva. También hay chullpas de piedra y antiguas trampas inca para capturar a estos animales. Actualmente, Perú es el primer productor de fibra de vicuña a nivel mundial y Ayacucho la región que encabeza esta lista al concentrar el 34 % de la producción nacional.

Pinturas rupestres han sido encontradas en la Reserva Nacional Pampa Galeras. Foto: Gabriel Herrera.
Pinturas rupestres han sido encontradas en la Reserva Nacional Pampa Galeras. Foto: Gabriel Herrera.
Un búho americano (Bubo virginianus) se camufla entre las rocas de un farallón. Destaca por sus “orejas” que en realidad son mechones de plumas. Foto: Gabriel Herrera.
Un búho americano (Bubo virginianus) se camufla entre las rocas de un farallón. Destaca por sus “orejas” que en realidad son mechones de plumas. Foto: Gabriel Herrera.

El artículo original fue publicado por en Mongabay Latam.

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