:quality(75)/arc-anglerfish-arc2-prod-elcomercio.s3.amazonaws.com/public/V5D4UYK5AVCEZCH7HSNNG7KRJU.jpg)
Jugar al ping-pong, la audaz táctica de Federer para la gloria
Sebastián Fest
"La Nación" de Argentina / GDA
Roger Federer apostó por el ping-pong y ganó. Suena insólito e irrespetuoso, pero es real: si en el extrañísimo tercer set de hoy (6-1) el suizo no se hubiera jugado decididamente por quitarle tiempo a Rafael Nadal en sus golpes, por asfixiar sus movimientos, el resultado de la final habría sido otro.
Federer se la jugó y ganó 6-4, 3-6, 6-1, 3-6 y 6-3. Jugando al ping-pong, como agudamente anticipó ya Mats Wilander tres años atrás al analizar ciertos cambios en el juego del suizo. ¿Y cómo es que decide jugar al ping-pong alguien que se agiganta como mejor tenista de la historia? Como Federer hoy, tomando la pelota de sobrepique, arriesgando al límite para que el infierno tenístico que tenía del otro lado -ese Nadal al que no derrotaba desde 2007 en un torneo de Grand Slam- se enfriara. Hubo un punto, tras ese asombroso 6-1 del suizo en el tercer set, en el que el español simplemente decidió no correr. Y eso, tratándose de él, es más que significativo.
Esos riesgosísimos sobrepiques por los que apostó Federer le permitieron quitarle medio segundo a Nadal, una diferencia vital. Así, en vez de encontrarse con las habituales pesadísimas derechas sobre el revés y a la altura del hombro, Federer vivió un partido diferente, maniatando a su archirrival con valientes reveses cruzados y paralelos. El servicio, fundamental en su juego, no fue todo lo sólido que acostumbra, aunque sí estuvo cuando lo necesitó. Y la derecha le sirvió para cerrar con tiros ganadores esos huecos que abría con el revés.
Por eso es que decir que Federer jugó al ping-pong no es falta de respeto, sino una forma de graficar que nadie es capaz de hacer lo que él hace con una raqueta. Cuatro años y medio después de su último título de Grand Slam, el suizo necesitaba una fórmula diferente para sorprender al hombre que lo había derrotado 23 de las 34 veces que se midieron, ese zurdo al que no vencía en una final de Grand Slam desde julio de 2007.
La encontró y funcionó. Ahora suma 18 grandes contra 14 de Nadal, y el mundo del tenis tiene derecho a sonreír con alegría, aunque también un tanto desconcertado.
Que 2017 se haya abierto recuperando el Nadal-Federer es una gran noticia para un deporte que siente que hoy no tiene rey. Novak Djokovic parece perdido y Andy Murray, agotado. Asombra, claro, pero hay bastantes señales para pensar que un Federer de 35 años y un Nadal de 30 pueden reflotar la gran rivalidad de estos años para que sea el eje del circuito.
"Por favor, mantengan a Rafa jugando y en forma, el tenis lo necesita", pidió Federer hoy a Toni Nadal y Carlos Moyá, los entrenadores de su rival. Antes había dicho que no le hubiese molestado empatar, si ese resultado existiera en el tenis.
¿Se puede pedir más?
Seguir temas


















