En la última década, nuestros gobernantes han optado por el abandono. Esta negligencia ha debilitado nuestra capacidad de crecimiento y nos pasa una factura cada vez más difícil de ignorar. Desarrollar la economía no es retórica. Es hacer que las fuerzas del mercado funcionen en favor del bienestar ciudadano, lo que exige elevar sostenidamente la productividad. Pero esa palabra parece haber desaparecido del lenguaje político. Según el Ranking de Competitividad del IMD, el Perú cayó del puesto 55 en 2020 al 63 en 2024 entre 67 países. El Índice de Complejidad Económica de Harvard muestra un retroceso del puesto 96 al 119 entre 2013 y 2023. Nos volvimos menos competitivos, menos complejos y más conformistas.

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