Los cristianos antiguos del siglo I no celebraban la Navidad, sino la Pascua. Esa era para ellos la fiesta más importante, pues simbolizaba la resurrección de Jesús, su ascenso al cielo y la consolidación de su mensaje, en una época en que buscaban expandir el credo y esperaban la parusía, es decir la pronta venida de Cristo, en medio de terribles persecuciones y martirios. Incluso uno de los teólogos del cristianismo primitivo como Orígenes creía que no debía festejarse el nacimiento del salvador como si se tratase de un rey o faraón.

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