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La capital enfrenta la próxima temporada de lluvias con 119 puntos críticos identificados por la Autoridad Nacional del Agua (ANA) ante peligros como inundaciones, erosión fluvial y flujo de detritos. El escenario coincide con la alerta por el fenómeno El Niño y con las estimaciones del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), que ubican a 18 distritos de Lima en un nivel de riesgo muy alto por inundaciones ante lluvias intensas asociadas a este evento.
La capital enfrenta la próxima temporada de lluvias con 119 puntos críticos identificados por la Autoridad Nacional del Agua (ANA) ante peligros como inundaciones, erosión fluvial y flujo de detritos. El escenario coincide con la alerta por el fenómeno El Niño y con las estimaciones del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), que ubican a 18 distritos de Lima en un nivel de riesgo muy alto por inundaciones ante lluvias intensas asociadas a este evento.
En los 18 distritos viven más de 2.2 millones de personas y existen 684.085 viviendas, de las cuales 674.934 se encuentran en zonas de mayor susceptibilidad. En el Callao, un distrito se encuentra también en un nivel de riesgo muy alto por inundaciones, con 42.240 habitantes y 11.222 viviendas. Las estimaciones forman parte de un escenario elaborado por Cenepred tomando como referencia lluvias con características similares a las registradas durante los veranos de 1983, 1998, 2017 y 2023.

En medio de este escenario, 17 de los 119 puntos críticos identificados por la ANA en Lima se encuentran a lo largo del río Rímac, desde Huarochirí hasta Lima Metropolitana. La lista incluye zonas de Chaclacayo, Lurigancho, San Juan de Lurigancho y Carmen de la Legua-Reynoso, algunas de ellas ubicadas junto a viviendas, puentes y otra infraestructura cercana al cauce.

El Comercio recorrió tres ubicados en el río Rímac para conocer cuáles son sus condiciones actuales. El recorrido comprendió el sector del puente Los Ángeles, en Chaclacayo; el puente Carapongo, en Lurigancho; y Manuel Scorza-Campoy, en San Juan de Lurigancho, cerca del puente Libertadores.
En estos se observaron distintos escenarios: desde efectos de erosión y viviendas próximas a la margen del río hasta presencia de rocas, estrechamiento del cauce y estructuras cuyo estado genera preocupación. El recorrido se realizó junto con un especialista en gestión del riesgo de desastres, quien evaluó de manera preliminar las condiciones encontradas y las intervenciones que deberían considerarse ante un eventual incremento del caudal del Rímac.
Lo que se encontró en los tres puntos recorridos
Durante la visita a los tres sectores críticos, el ingeniero Fernando Neyra, experto en planificación y gestión de riesgos, realizó una evaluación preliminar e identificó una serie de condiciones que, según explicó, requieren atención para reducir los riesgos en estas zonas.
En el sector del puente Los Ángeles, Neyra identificó una posible socavación al pie del muro, protección ribereña fragmentada y erosión del relleno del acceso. A ello se suma, según su evaluación, la reducción del cauce y la concentración del flujo, además de la presencia de construcciones próximas al río. Frente a estas condiciones, recomendó realizar estudios hidráulicos y de socavación, así como una inspección estructural, geotécnica e hidráulica en campo.

El especialista consideró también necesario implementar una protección continua mediante enrocado diseñado, recalzar y proteger las cimentaciones, reconstruir los muros y mejorar el drenaje. Estas intervenciones, explicó, deberían estar acompañadas de medidas orientadas a recuperar la capacidad hidráulica del sector y no limitarse a acciones aisladas.
En Carapongo, Neyra advirtió que la presencia de relleno y material suelto reduce el cauce del Rímac. Durante su evaluación identificó erosión y posible socavación, así como vulnerabilidad en un puente peatonal, viviendas próximas a la ribera, residuos y cableado expuesto. Ante una crecida, explicó, estas condiciones podrían favorecer el desvío del flujo, incrementar la erosión y generar socavación en el puente, además de posibles inundaciones y aislamiento.

Por ello, recomendó realizar una evaluación estructural e hidráulica, retirar técnicamente los rellenos y residuos, delimitar la faja marginal e implementar defensas ribereñas continuas. Neyra hizo especial énfasis en que una intervención de este tipo debe responder a criterios técnicos. “No basta colocar más rocas sin diseño”, sostuvo.
En tanto, en Manuel Scorza-Campoy, San Juan de Lurigancho, el especialista identificó una acumulación considerable de residuos, un talud de suelo expuesto y riesgo de erosión y deslizamiento. También observó una defensa ribereña precaria, drenaje contaminado hacia el río y un acceso que podría resultar vulnerable durante una crecida.

Entre las acciones planteadas para este punto, Neyra recomendó retirar los residuos y escombros, clausurar los puntos de arrojo informal y evaluar la estabilidad del talud. Asimismo, consideró necesario implementar una protección ribereña diseñada, mejorar el drenaje y controlar las descargas hacia el río, además de monitorear las condiciones del acceso durante periodos de incremento del caudal.
¿Qué podría ocurrir ante una crecida del río?
Luis Morán, doctor ingeniero y presidente de la Comisión Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP), advirtió que uno de los principales factores de riesgo en las zonas cercanas al cauce es la presencia de viviendas autoconstruidas, levantadas sin estudios de suelos, diseño ni supervisión profesional. “Los efectos que pueden generar la crecida del río o la avenida de un huaico pueden afectar muy seriamente a estas viviendas, que son bastante precarias y tienen poca resistencia ante esos embates”, explicó.
La situación se vuelve más crítica, indicó, cuando las construcciones ocupan espacios que corresponden al propio cauce o a la faja marginal. Morán sostuvo que estas viviendas permanecen expuestas directamente ante una eventual crecida. “El río va a crecer y va a llevar lo que esté ocupando su sitio, porque ese es el sitio del río, no de las personas ni de las viviendas”, señaló. Para el especialista, se trata de un riesgo que se repite durante los periodos de lluvias y que requiere una intervención de las autoridades.
Morán explicó que la ocupación de los cauces también puede incrementar la exposición de viviendas ubicadas en sectores aledaños. Un flujo de detritos, precisó, puede transportar rocas, lodo, palizadas y otros materiales con gran fuerza. Si durante su recorrido encuentra construcciones u otras obstrucciones, el flujo puede cambiar de dirección y alcanzar áreas que inicialmente se encontraban más alejadas. “Al chocar con esas obstrucciones va a cambiar de rumbo y no va a seguir la huella”, explicó.
Otro aspecto que consideró prioritario es el mantenimiento de las obras implementadas para reducir el impacto de los huaicos, como diques y mallas retenedoras. Según explicó, algunas de estas estructuras pueden conservar material acumulado de eventos anteriores, lo que reduce su capacidad de respuesta frente a un nuevo episodio. “Si no se retira y tenemos tiempo, de acá hasta noviembre o diciembre, hay plazo para dar mantenimiento”, sostuvo. Agregó que retirar ese material también permitiría inspeccionar los anclajes y las condiciones de las estructuras antes del inicio del periodo de mayores precipitaciones.
Respecto a los puentes ubicados cerca del Rímac, Morán señaló que las medidas de protección tampoco pueden limitarse a colocar rocas alrededor de sus bases. Explicó que un aumento del caudal puede impactar directamente sobre los estribos y apoyos intermedios, por lo que cualquier intervención debe responder a criterios técnicos. “No es solamente colocar las piedras y punto; hay que saber qué piedras colocar y dónde colocarlas”, advirtió. De lo contrario, añadió, el material utilizado para proteger las estructuras podría terminar reduciendo el espacio disponible para el paso del agua.
Para conocer el detalle de los puntos críticos identificados y las acciones realizadas frente a los riesgos advertidos, El Comercio solicitó información a la Autoridad Nacional del Agua (ANA). Sin embargo, hasta el cierre de este informe, la entidad no respondió a las consultas enviadas.
Por su parte, la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) informó que viene realizando trabajos de limpieza y descolmatación en el río Rímac como parte de las acciones preventivas ante un eventual fenómeno El Niño. En junio, la comuna detalló que las labores comprendían aproximadamente cuatro kilómetros entre Caja de Agua y el puente Huánuco, donde se realizaba la limpieza, descolmatación y perfilado del cauce, además de la conformación de diques. El sábado 29 de agosto, la MML informó que los trabajos continúan desde Nueva Caja de Agua hasta el puente Chinchaysuyo, con labores de limpieza, descolmatación, perfilado y conformación de diques. Según la comuna, desde 2023 se han ejecutado aproximadamente 35 kilómetros de descolmatación en las cuencas de los ríos Rímac, Chillón y Lurín, y se proyecta alcanzar los 50 kilómetros.
La Municipalidad de Lurigancho-Chosica informó a este Diario que en distintos sectores del río Rímac se vienen realizando trabajos de limpieza, descolmatación, encauzamiento y conformación de diques y bordos como parte de las acciones de prevención. Las intervenciones comprenden sectores como Campanillas, Bocatoma Huachipa, Puente Los Ángeles, La Atarjea, Ramiro Prialé y el tramo entre Puente Morón y Puente Ñaña. Asimismo, se reportan trabajos en Chancadora de la Unión, Brisas de Carapongo, Roca de Sarón, Señor de Huanca, Puente Foncodes, Nuevo Horizonte y Virgen de Guadalupe, además del inicio de labores en Pablo Patrón, Cantuta y Cañaverales.
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