Teaser de "El viaje de Javier Heraud". (Fuente: Difusión)

Este es el viaje de un niño que creció con un póster del poeta Javier Heraud pegado en la pared de su habitación hasta que fue adolescente. Nunca supo quién lo puso ahí, pero estuvo desde antes de que aprendiera a hablar. De un niño que creció escuchando historias en las sobremesas de su padre sobre otro Javier, el amigo Javier, el poeta Javier. Quizás pensaría que era un tío lejano del que siempre se hablaba y al que no vio jamás, a pesar de llevar su nombre en homenaje a él. Javier Corcuera Andrino creció leyendo en ese póster pegado en la pared los versos "Simplemente sucede/que no tengo miedo de morir/entre pájaros y árboles", junto a la cara pintada a color de Javier Heraud. La cara del personaje de tantas historias que oía y que a veces entendía, otras veces no. En la casa de sus padres en Chaclacayo, rodeado de otros pájaros y otros árboles, Corcuera fue acercándose a un viaje que empezó a echar raíces cuando se graduó de la escuela de cine de Robles Godoy, antes de continuar sus estudios en España. Su trabajo final en la escuela sería escribir un guión, y ese niño que ya había cumplido dieciocho años escribió "El viaje de Javier Heraud", documental que se proyectará pro primera vez este viernes 9 de agosto, como cinta inaugural del 23º .


Más de treinta años después llega a la pantalla grande una historia que a modo de viaje va retratando a Heraud desde el recuerdo de quienes conocieron más que su poesía, de quienes crecieron con él en su casa en la cuadra seis de la calle San Martín en Miraflores, de quienes pasaron por las mismas aulas universitarias en el Centro de Lima, de quienes compartieron con él tertulias o viajes que reafirmaron su compromiso con la justicia social, de quienes lo vieron un solo día en Puerto Maldonado y fue suficiente para marcarlos hasta el día de hoy, cincuenta y seis años después de su muerte. Y este es un viaje también por los recuerdos del cineasta que todavía no era cineasta cuando empezó a imaginar esta película. Desde la Plaza Santa Ana en el centro de Madrid, son las nueve de la noche, en verano, y Javier Corcuera llega a la mesa con un USB que contiene veintiún años de historia del tan querido poeta que, contrariamente a los versos escritos, nunca pudo silenciar su canto.

Han pasado muchos años desde que escribió este guión, ¿por qué el documental se realiza tanto tiempo después?
Muchas veces pensé en hacerlo, pero era muy difícil de financiar. Y además mi filmografía tomó otros caminos. He rodado películas fuera del Perú, habían pasado muchísimos años y ya estaba obsesionado por rodar de nuevo en mi país. Prioricé hacer "Sigo siendo" (2013) porque creí que era más importante hacer ese documental primero, porque pienso que la mejor manera de contar el Perú es cantándolo. Pero ni bien la terminé pensé que ya era momento de hacer el de Heraud.

¿Aquel guión que escribió a los dieciocho años guarda alguna relación con el del documental que se estrena?
Aunque no lo creas hay cierta relación entre los dos guiones, sobre todo en la estructura, que está marcada por el poema El río. A pesar de que son películas distintas, guardan un hilo de conexión.

Dada la cercanía de su familia con Javier Heraud, ¿era una película difícil de hacer?
Sí. Aunque el cine que yo hago tiene una mirada de autor, no es un cine tan personal. Yo no me encontraba en ese cine. A pesar de que esta es la historia de Javier, también hay una parte que la convertía casi en una película familiar. Por otro lado, existía una urgencia de rodarla ya que quedaban pocos compañeros de su generación, compañeros que están además en un momento de la vida mucho más reflexivo, que pueden hablar desde otra perspectiva.

¿Alguna otra situación lo incentivó a rodarla?
Es cuando conozco a Ariarca Otero (sobrina nieta de Heraud). Yo quería contar con testimonios de los amigos de Heraud pero no quería hacer una película que fuera protagonizada por los de su generación y que sea un documento para esa generación. Quería que fuera una película que conectara con aquellos que hoy tienen la edad que tenía Javier cuando lo mataron, y no encontraba el camino para hacerlo. Quería encontrar una conexión directa y eso pasó cuando conocí a Ariarca.

¿Cómo la conoció?
La conocí de casualidad. Yo había ido al colegio Los Reyes Rojos a poner mi película La espalda del mundo y Ariarca, alumna del colegio, fue la más participativa del coloquio. Nos quedamos conversando después la película y unos años después nos volvimos a encontrar en la presentación del libro de su abuela, Cecilia Heraud. Fue ahí que descubrí que era la sobrina nieta de Javier, un par de años antes de rodar la película. Hablamos de Javier, de ella, y me di cuenta de que era la persona que yo necesitaba para hacer la película.

¿Qué tan vinculada estaba Ariarca con la historia de su tío abuelo?
Ella descubre muchísimo sobre él haciendo la película, viendo las fotos, los manuscritos. A ella le interesaba la historia pero no se la habían contado completa, había algo por descubrir. En el documental ella abre el baúl de los recuerdos, lee cartas por primera vez, ve objetos que nunca había visto. Todo eso está rodado en la película. De hecho cuando rodamos en Puerto Maldonado las secuencias de la muerte de Javier, Ariarca cumplió veintiún años delante del río Madre de Dios, la edad que tenia Javier cuando lo mataron ahí mismo.

¿Qué recuerda de las primeras veces que escuchó hablar sobre Heraud en casa?
Javier fue una persona totalmente presente en mi casa, era como un familiar que estaba de viaje, aquel familiar ausente que esperas que un día te venga a visitar. Mi padre y sus amigos hablaban mucho de él, siempre recordaban a un Javier que la gente desconocía. Al parecer era muy chistoso, siempre estaba jugando con las palabras, haciendo bromas. Era una persona alegre y con un sentido del humor muy afinado.

¿Cómo ha sido el proceso de investigación para el documental?
Se podría decir que ha durado muchos años porque desde que yo era chico fui construyendo una imagen de él. Pero la verdadera investigación me la encontré hecha. Cecilia Heraud ha dedicado toda su vida en construir la memoria de su hermano. Ella tenía un archivo muy completo con cartas, manuscritos. Mi investigación fue sobre todo en Puerto Maldonado. También fui a Austria a ver a Dégale, un gran amigo de Javier.

¿Qué otros personajes forman parte de la historia?
En el documental aparecen personajes como Alain Elías, quien estaba con Heraud en la canoa cuando lo mataron, Adela Tarnawiecki, que fue su novia, Héctor Béjar, Arturo Corcuera, el poeta Leoncio Bueno, testigos de Puerto Maldonado, su hermana Cecilia Heraud, su amiga Katiusha Barrio, entre otros.

¿Con qué sorpresas ha encontrado en este proceso que ha durado más de tres años?
Si algo he aprendido haciendo esta película es que Javier está súper vivo, vayas donde vayas. He rodado en Puerto Maldonado con personas que lo vieron muy poco tiempo de su vida, incluso con otros que solo lo vieron muerto, que lo recuerdan y que los ha marcado para siempre. Mi sorpresa más grande es esa, descubrir que un acontecimiento que duró un día y que sucedió hace cincuenta y seis años es conversación diaria en Puerto Maldonado. Un pueblo que vive del recuerdo del poeta, cuya imagen marcó un antes y un después.

¿Ha cambiado la imagen que tenía de Heraud después de hacer el documental y conocerlo más a fondo?
Creo que ahora conozco a Javier más de cerca, al amigo, al hermano, al familiar, y no solo al poeta y al guerrillero. Siento como si hubiera podido compartir una cerveza o un café con él. Creo que era una persona que amaba el Perú, uno de esos amigos imprescindibles, importantes para su entorno y para el país. Cuando lo perdimos, el Perú perdió más que un poeta, sin embargo pienso que su poesía y sus ideales no están muertos.

Cincuenta y seis años después de su muerte, ¿por qué trasciende Javier Heraud?
Por la coherencia entre lo que dijo y lo que hizo. Creo que el pensamiento, el ejemplo y la coherencia de Javier tienen cada vez más vigencia. Poemas como "Mi país" o "Destrucción de las sombras e inicio de los días"* parecen haber sido escritos ayer. El poeta escribe que tenemos que rehacer todo, y en el Perú tenemos la oportunidad de empezar de nuevo. Después de la dictadura fujimorista, no hubo una verdadera transición, llegó un régimen pos fujimorista que no cambió nada, un régimen heredero de una constitución hecha en la dictadura. Con la actual crisis política e institucional, esos poemas tienen más vigencia que nunca.

"Javier era todo inmenso", decía su hermana Cecilia. ¿En dónde recae su inmensidad?
En que después de más de cincuenta años todavía está presente. Quizás sea el que perdure de toda su generación. Además, será eternamente joven. Me gustaría mucho que los jóvenes vean esta película porque creo que Javier escribió para ellos, para los que tienen ahora la oportunidad, como dice Javier, de volver a empezar a construir un país distinto, el que él soñó, uno con justicia social.



Ahí en la casa en la calle San Martín en la que creció Javier Heraud Pérez, el poeta enterró una botella con poemas dentro. Reformaban la casa y toda la familia lo observaba mientras metía esa botella entre los cimientos de lo que ahora es un edificio miraflorino. Nunca nadie los vio más. “Mi corazón se quedó/con mi casa muerta”, escribiría el poeta en otra ocasión. Pero “arrancar es siempre dejar algo, un hueco, una raíz fina”, recordaría muchos años después Arturo Corcuera en unos versos para su amigo, viajando de Barco de Ávila a Madrid, llorando.

Nos prometieron la felicidad
y hasta ahora nada nos han dado.
¿Para qué elevar promesas si
a la hora de la lluvia sólo
tendremos al sol y al trigo muerto?
¿Para qué cosechar y cosechar si
luego nos quitarán el maíz,
el trigo, las flores y las frutas?
Para tener un poco de descanso no
queremos esperar las promesas y
los ruegos:
Tendremos que llegar al mismo
nacimiento del camino, rehacer todo,
volver con pasos lentos desparramando
lluvias por los campos,
sembrando trigo con las manos,
cosechando peces con nuestras
Interminables bocas.

Mi país es una casa
antigua y casi derruida.
Los que vivimos aquí
muy poco la conocemos.

Mi casa, es decir, mi país
tiene hermosas ventanas de oro.
Nosotros paseamos por ella
y es grande y hermosa
como una espiga en la tierra.

Todos ahora vivimos aquí,
pero muchos de nosotros
sabemos que en esta casa
hay jardines hermosos
con fuentes de agua cristalina,
pero muchos de nosotros
sabemos
que hay altas ventanas
por las que nunca hemos mirado,
y todos sabemos
que el dueño que tiene la llave,
el único dueño,
no es de los nuestros.
Y desgraciadamente, hermanos,
y necesariamente, hermanos,
hay que decirlo,
hay que gritarlo a toda voz
y en todos los vientos de la tierra.
(Aunque después nos cierren
las puertas de esa casa,
aunque después nos echen
a patadas
diciéndonos levemente:
-ellos no pueden gritar-
<<ésta no es vuestra casa,
alejaos para siempre>>).

​Más información

“El viaje de Javier Heraud” inaugurará el Festival de Cine de Lima el viernes 9 de agosto, y tendrá otras dos funciones el viernes 16 y sábado 17. Detalles en www.festivaldelima.com. El estreno en los cines peruanos será el jueves 22 de agosto.