El judaísmo conmemora hoy la festividad de Purim, la única no relacionada con la Tierra de Israel, en una suerte de carnaval en el que el precepto religioso de turno no es otro que beber hasta la embriaguez.

Miles de niños, adolescentes y jóvenes festejan desde anoche una fiesta que es quizás la más alegre del calendario judío y que, a diferencia de las otras mucho más solemnes, ha ido evolucionando hasta convertirse en un popular carnaval.

"Esta es una fiesta de calle, no como las otras de grandes cenas familiares o rezos en las sinagogas, es quizás la más secular de todas a pesar de que tiene por supuesto un componente religioso", explica Mati Harel, un joven de Jerusalén.

Se refiere a la obligada lectura en las sinagogas del "Libro de Esther", uno de los que forman el tercer bloque del Antiguo Testamento: "Escritos".

Narra la historia de supervivencia del pueblo judío en la Persia antigua, cuando un malvado gobernante llamado Amán decide exterminar a los judíos, salvados gracias a la astucia de un Mardoqueo y una reina Esther, su sobrina, que convencen al rey de no hacerlo.

Pero el texto sobre estos hechos, supuestamente durante el reinado de Asuero, que muchos identifican con Jerjes I (siglos VI y V a.C), no apela curiosamente ni a Dios ni a la divina providencia.

"Dios no aparece ni una sola vez en todo el Libro, no de forma explícita", explica Limor Rayez, una estudiante de psicología y conocedora de los textos sagrados judíos.

Sostiene que los eruditos sí interpretan su nombre de otras expresiones, bien por el acrónimo de palabras correlativas o por referencia indirecta, circunstancias que escapan a la visión de la mayoría secular del país.

Otra peculiaridad de esta fiesta es que es la única que ni ocurre ni está vinculada a la "Tierra de Israel", a la que tampoco hace alusión.

Ello contribuyó a que lo que era originalmente una fiesta religiosa en la diáspora judía, tras la creación del moderno Estado de Israel se fuera secularizando, hasta convertirse en un carnaval.

Desfiles de carrozas, disfraces, petardos y fiestas sin fin, son los elementos centrales de un Purim en el que los rabinos creen preceptivo emborracharse "hasta no distinguir entre el maldito Amán y el bendito Mardoqueo", según deducen del Talmud.

Para garantizar la seguridad de las celebraciones callejeras, el Ejército israelí cerró el viernes todos los pasos con los territorios palestinos, una medida aplicada por segundo año consecutivo, y sólo se permite el acceso de "casos humanitarios y especiales".

Frente a las seculares cabalgatas en la franja costera mediterránea, en la que los disfraces recurren a los personajes de cualquier carnaval occidental, en la de los asentamientos judíos -y en particular la de Hebrón- vuelven a expresar este año todo tipo de mensajes nacionalistas.

Dos líderes políticos locales eligieron como inspiración al presidente Donald Trump y al soldado Elor Azaria, recientemente condenado por matar a un atacante palestino cuando ya estaba reducido y herido.

La fiesta de Purim, que viene precedida de un ayuno expiatorio por la salvación de los judíos de Persia, se celebra en todo el mundo y en la mayor parte de Israel el domingo; sólo Jerusalén y otras ciudades amuralladas la conmemoran hoy.

Fuente: EFE

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