El genio de la animación Chuck Jones tuvo muchísimo éxito para contarnos muchos capítulos que duraban siete minutos de una historia muy sencilla: la del coyote que habitaba en el desierto y que quería atrapar al correcaminos para comérselo. Nunca lograba su cometido, no importara cuán sofisticados fueran sus planes. Quizá la sofisticación de sus planes era directamente proporcional a la inverosimilitud de su victoria. Y, mientras más intrincado y arcano parecía el ardid que había preparado, más segura y estrepitosa era la derrota. El coyote siempre se empecinaba en comerse al correcaminos y tenía un plan certeramente destinado al fracaso. Yo me acordé del coyote y del ‘bip-bip’ del correcaminos escuchando el informe oral del procurador del Congreso de la República ante el Tribunal Constitucional, cuando flaqueó intentando explicar cuál era el acto concreto que configuraba la acusación de traición a la patria que habría cometido el presidente Pedro Castillo.

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