Se anda diciendo por ahí que, con las continuas vacancias y el escaso poder que en realidad detenta, el puesto de presidente de la República se ha devaluado por estos lares. Pero el hecho es que las elecciones de este domingo pasarán a la historia por el aluvión de aspirantes que compiten por acomodarse en el sillón de Pizarro. Si antes se criticaba la actitud de los partidos por poner vallas a la entrada de nuevos competidores, con abultadas exigencias de firmas de adherentes, cantidad de locales partidarios y número de militantes, hoy se les afea haber propiciado la multiplicación de partidos, con la intención de dispersar la votación y pescar con ganancia en el río revuelto de símbolos y nombres de difícil recordación.
Algunas características de la muestra de 35 peruanos deseosos de ceñirse la banda embrujada son interesantes de resaltar. Para empezar, hay pocos apellidos de presidentes del pasado: solamente tres, que respecto del tamaño de la muestra, representan menos de un décimo. Comparados con otros países latinoamericanos, no somos un país marcado por dinastías políticas, aunque el resultado de este domingo podría hacernos pensar diferente. Varios de los candidatos son un ejemplo de perseverancia, porque vienen de repetir el plato en justas electorales pasadas, sin perder una pizca de entusiasmo y esperanza.
En un país centralista como el nuestro, no debe ser una sorpresa el fuerte predominio de los candidatos nacidos en Lima: 21 de los 35, si incluimos como capitalinos al “chalaco” Chiabra, el huaralino Sánchez y al arquero blanquiazul nacido en Caracas, por circunstancias laborales del padre. Entre los “provincianos” figuran dos liberteños, dos apurimeños y un representante por cada uno de los departamentos de Cajamarca, Lambayeque, Huánuco, Áncash, Junín, Cusco, Arequipa, Puno, Moquegua y Tacna. Gentes del norte, del sur, de la sierra y de la costa; ninguno de la Amazonía. Es más: a juzgar por la declaración de su lugar de residencia, solo cuatro de los 35 viven fuera de Lima (aparte de uno de paradero desconocido).
San Isidro es el distrito preferido de residencia de nuestros pugnaces candidatos: siete de los domiciliados en nuestra ciudad transitan por sus arboladas calles cotidianamente. Siguen en la preferencia otros distritos que los urbanistas agrupan en el segmento “premium” de la ciudad: Santiago de Surco (cinco candidatos), San Borja y La Molina (cuatro cada uno). No se maltratan nuestros aspirantes en su vida diaria; aunque hay una media docena que tiene como residencia barrios menos glamorosos, como los de San Martín de Porres, La Victoria, Chorrillos o el Rímac. Sin olvidar al gentrificado balneario de Punta Hermosa, desde el que a su residente le costó horas llegar al lugar del debate de hace unos días.
Casi todos son profesionales, egresados de universidades públicas o privadas y algunos lucen además posgrados en el extranjero. Por profesiones, predominan los abogados (11 candidatos), seguidos de los administradores de negocios (5), ingenieros (4), economistas (4), militares (3) y médicos (2). Con un representante tenemos, además, psicólogo, profesor, contador, sociólogo y comediante. Pocas veces hemos disfrutado de un popurrí laboral tan variado.
El gran déficit de nuestra machista sociedad tenía que ser, desde luego, la poca presencia femenina: solo cuatro; apenas por encima de una décima. Y en el debate fueron las que más se sacaron los ojos, exhibiendo mucha política y poca sororidad.
Precavida y realistamente, 27 de los aspirantes dupletean la candidatura presidencial con la de senador (21) o, más modestamente, diputado (6), mientras que ocho valientes se han lanzado al todo o nada.
Varón, profesional, limeño, de clase media alta, son los rasgos (poco sorprendentes) de nuestros candidatos presidenciales. Pero nada garantiza que quienes pasen a la segunda vuelta este domingo sean quienes algo se apartan de dichos patrones.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.