Uno de los aspectos más débiles de nuestro sistema político es la gestión gubernamental. Por eso me llamó la atención el discurso de la presidenta Fujimori, porque, más que un plan de acción, lo que nos presentó fueron ofrecimientos típicos de una campaña. Será que la mandataria ha estado en tantas elecciones que le resulta difícil cambiar y convertirse en gestora. Los siete objetivos planteados son casi todos más de lo mismo, lugares comunes que no han funcionado. Por ejemplo, el objetivo de combatir los estragos del fenómeno de El Niño está basado en la cooperación entre los diferentes niveles de gobierno y programas, eso se ha intentado hacer y no ha dado resultados duraderos. El segundo objetivo de combatir la inseguridad se sustenta en la intervención de las Fuerzas Armadas, algo que se ha intentado en todos los gobiernos de este milenio.
Uno de los aspectos más débiles de nuestro sistema político es la gestión gubernamental. Por eso me llamó la atención el discurso de la presidenta Fujimori, porque, más que un plan de acción, lo que nos presentó fueron ofrecimientos típicos de una campaña. Será que la mandataria ha estado en tantas elecciones que le resulta difícil cambiar y convertirse en gestora. Los siete objetivos planteados son casi todos más de lo mismo, lugares comunes que no han funcionado. Por ejemplo, el objetivo de combatir los estragos del fenómeno de El Niño está basado en la cooperación entre los diferentes niveles de gobierno y programas, eso se ha intentado hacer y no ha dado resultados duraderos. El segundo objetivo de combatir la inseguridad se sustenta en la intervención de las Fuerzas Armadas, algo que se ha intentado en todos los gobiernos de este milenio.
El segundo objetivo es mejorar la calidad de vida desde la infancia hasta la tercera edad vía dos programas asistenciales: empleo juvenil y aumento de la pensión de jubilación. Estos y otras ramas sociales de la gestión gubernamental nos muestran que muchas veces son, más bien, fondos para la corrupción. No podemos olvidar el gobierno de Alberto Fujimori y su Ministerio de la Presidencia que sirvió para alimentar la peor corrupción en nuestra historia republicana.
Tercer objetivo: acelerar la infraestructura social y productiva. Desde hace años, nuestro Estado no puede asumir eficientemente gastos grandes o complejos para obras como el Metropolitano o el metro y ha tenido que convocar a expertos de las Naciones Unidas.
Cuarto objetivo: la sostenibilidad fiscal. La receta de disciplina fiscal nos viene desde Alberto Fujimori y es una propuesta que no enfrenta directamente a nuestro principal problema económico: la desigualdad. Como indica la revista “American Conservative”, el fundamentalismo económico es una parte esencial de lo que llaman la “pobreza de la derecha latinoamericana”, que normalmente ocurre cuando se pone al crecimiento como único indicador del desarrollo.
No hay camino fácil para salir de nuestra catástrofe, pero no lo lograremos repitiendo las recetas que nos condujeron al mismo. La presidenta reafirmó su compromiso con la independencia de los poderes del Estado, el respeto a las libertades individuales, especialmente la libertad de expresión y de prensa, así como con el fortalecimiento del sistema de justicia mediante mecanismos meritocráticos para jueces y fiscales. El tiempo dirá.
Otros aspectos complejos como la educación fueron tratados por la presidenta como un problema de infraestructura y construcción. Consiste en gobernar para el ojo y abrumar con cemento, pero no llegar a la inteligencia.