Keiko Fujimori no podrá cumplir sus principales promesas si no reconstruye la capacidad del Estado de ejecutar obras y brindar servicios eficientes. Eso debe comenzar desde el primer día con los equipos de transferencia, que no deben limitarse a hacer un diagnóstico de cada sector para ver por dónde empezar. Deben ser más ambiciosos: identificar gastos y programas inútiles o redundantes o que no corresponden a un Estado subsidiario, a fin de generar ahorros que se van a necesitar para financiar necesidades urgentes y muy costosas como los trabajos de prevención de El Niño, la compra de equipos y tecnología para la PNP, las unidades de flagrancia, la construcción inmediata de cárceles, la formalización de mineros informales para no tener que renovar el Reinfo y el plan de 100 días para el sur del Perú.
Keiko Fujimori no podrá cumplir sus principales promesas si no reconstruye la capacidad del Estado de ejecutar obras y brindar servicios eficientes. Eso debe comenzar desde el primer día con los equipos de transferencia, que no deben limitarse a hacer un diagnóstico de cada sector para ver por dónde empezar. Deben ser más ambiciosos: identificar gastos y programas inútiles o redundantes o que no corresponden a un Estado subsidiario, a fin de generar ahorros que se van a necesitar para financiar necesidades urgentes y muy costosas como los trabajos de prevención de El Niño, la compra de equipos y tecnología para la PNP, las unidades de flagrancia, la construcción inmediata de cárceles, la formalización de mineros informales para no tener que renovar el Reinfo y el plan de 100 días para el sur del Perú.
Produce, por poner un ejemplo, destina mucho presupuesto y consultorías a programas y subsidios para “promover” empresas, cuando la mejor manera de promoverlas es eliminar regulaciones y trabas. Hay allí mucho gasto que se podría suprimir o reducir. Si no comenzamos desde el inicio con esa mirada, nos quedaremos con un Estado paquidérmico e inútil.
Las señales tienen que ser claras desde el principio. Anunciar, por ejemplo, que solo se ingresará al Estado por mérito, o por concurso, y que los tarjetazos quedan proscritos. Disciplina absoluta en eso. No puede ocurrir lo que pasó –hablando de El Niño– con la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios (ARCC), creada en el 2017, que elaboró un plan de prevención financiado por el BID para acondicionar las cuencas de 13 regiones para que los ríos no trajeran un caudal excesivo: forestación en las partes altas y reservorios en las partes medias para retener e infiltrar el agua. Y drenajes pluviales en las ciudades. Por fin aprendíamos la lección. Pero nada se hizo. Apenas unas defensas ribereñas en las partes bajas, que se desmoronaron a la primera crecida de los ríos en el 2024.
¿Qué pasó? La mencionada autoridad fue asaltada por políticos y recomendados del entorno de Pedro Castillo. Se convirtió en un botín presupuestal más. Sería bueno que el nuevo Congreso investigue ese caso y vea qué lecciones extraer, porque en el 2023 la ARCC fue reemplazada por la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN), que tampoco ha ejecutado las obras de fondo.
Ahora solo queda descolmatar y enrocar puntos críticos a toda velocidad, difundir cultivos hidropónicos y pastos cultivados en la sierra sur contra la sequía, y rezar a Dios. Sísifo ya debe estar agotado.
Por ello, la meritocracia en el Estado a todo nivel debe ser una obsesión del nuevo gobierno. Eso y una desregulación profunda son la única manera de luchar contra la corrupción. Las obras comienzan y no terminan, el presupuesto de Salud se ha multiplicado por ocho en términos reales en los últimos 25 años y el servicio no mejora… El robo se ha normalizado.
Con este Estado poco podrá hacer. Keiko Fujimori tiene que explicar claramente la necesidad de las reformas de segunda generación para que la opinión pública la apoye porque acá lo único que importa es que los servicios públicos atiendan bien a la gente.