La cifra de anemia infantil en el Altiplano peruano suele presentarse como una realidad clínica inequívoca: 60%. No lo es. En la altura, su interpretación es compleja. Una hemoglobina baja permite clasificar anemia, pero no identifica su causa. Confundir anemia con deficiencia de hierro (ferropenia) puede conducir a políticas mal enfocadas.
La hemoglobina es un dato medido, pero en la altura se modifica mediante factores de ajuste. El efecto puede ser enorme. En preescolares de Puno, la prevalencia pasó de cerca de 5% con hemoglobina observada a 66% tras ajustarla. Otro análisis halló 5,8% sin corrección y 75,6% después del ajuste. Incluso con reservas adecuadas de hierro, pasó de 11,3% a 94,7%. La prevalencia depende decisivamente de cómo interpretamos la hemoglobina en altura.
La OMS modificó en el 2024 sus criterios. Un estudio reciente en Puno, con criterios de ajuste, estimó 42,2% de anemia. Pero solo 27,5% fue atribuible a ferropenia; 45,9% se asoció con inflamación y 26,6% con otras causas. Anemia y ferropenia no son sinónimos. Anemia y desnutrición tampoco son equivalentes: pueden coexistir, pero son problemas diferentes.
Un nuevo estudio evaluó a 317 lactantes de Puno, a 3.832 metros, dentro del programa público de suplementación. El seguimiento intensificado se asoció con menor anemia a los seis meses: 25,2% frente a 38,2%. Hubo beneficio, pero aproximadamente la mitad de quienes comenzaron anémicos continuaron así aún bajo supervisión estricta. Además, 43 de 210 niños inicialmente no anémicos desarrollaron anemia pese a la suplementación preventiva.
El estudio no aleatorizado no midió todos los biomarcadores para establecer la causa individual, pero refuerza una idea esencial: el hierro solo puede corregir aquello que se debe a falta de hierro. La anemia también puede relacionarse con inflamación, infecciones, parasitosis, otras deficiencias nutricionales o hemoglobinopatías.
Una política pública peruana debería preguntarse no solo cuántos niños quedan bajo un punto de corte, sino por qué. En muestras representativas y casos persistentes, la hemoglobina debería complementarse con biomarcadores del hierro y de inflamación, y con la búsqueda de otras causas. Reducir toda anemia a desnutrición o falta de hierro ignora que sus causas son diversas.
Puno no necesita que minimicemos la anemia infantil; tampoco que la maximicemos. Necesita que la diagnostiquemos mejor. Cuando medir, clasificar y explicar se tratan como si fueran lo mismo, una política bien intencionada corre el riesgo de combatir el indicador en lugar de la causa.