El ritual de la esperanza

“En estos momentos tan dramáticos es bueno [...] trabajar, desde nuestras respectivas esferas, para concretar y dotar de futuro a nuestro querido y desventurado Perú”.

Carmen McEvoy
Por

Historiadora

Ilustración: Víctor Aguilar
Ilustración: Víctor Aguilar

Llego al Perú en una de sus etapas más amargas y desalentadoras. Cuando a vista y paciencia de una ciudadanía agotada, además de inerme e incluso indiferente, se derrumban los dos principales pilares de nuestra maltrecha república. Cabe subrayar que el proceso anterior, que apunta al deterioro institucional, pero también a la disolución de una sociabilidad –convivencia cívica la denominaron nuestros ilustrados– dista de ser un desarrollo reciente. La reflexión sobre esta encrucijada, que no se sabe a ciencia cierta cuándo acabará, tiene que ver con nuestra incapacidad de desmantelar una cultura política marcada por la traición y por una lucha brutal por capturar un Estado, dispensador de la prebenda, cuyos actuales administradores defienden ya sin un ápice de vergüenza y mucho menos de moral. En esta lucha cuerpo a cuerpo, que asemeja a una película de pistoleros en una frontera sin ley ni humanidad, asistimos al desmoronamiento de instituciones, no solamente políticas, sino culturales.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: