Una de las críticas más comunes al aumento salarial de la presidenta es que no se lo merece por su baja productividad y, como muestra, nos indica su bajísimo nivel de aprobación, sus frecuentes e innecesarios viajes, la corrupción y argollas, la ausencia de cuadros técnicos, nula transparencia y hasta su total falta de ‘ángel’. No es para defenderla, pero resulta difícil medir la productividad, especialmente de cargos complejos con múltiples actividades y expectativas, urgencias y responsabilidades.
En términos generales, es difícil medir la productividad presidencial en cualquier sistema político. Sería más factible, no obstante, si todos estuviéramos de acuerdo con los objetivos a ser alcanzados y cómo se deberían lograr desde el Ejecutivo, pero eso no existe. De ahí que cada presidente se prende de cualquier logro como muestra de que tiene algún tipo de éxito. En nuestro caso, son la economía o las inversiones en megaproyectos.
A escala internacional, existen varios modelos que ayudan a estimar la efectividad y eficiencia de un régimen. Una manera interesante fue utilizada por el presidente estadounidense Dwight Eisenhower que consideraba esencial distinguir entre lo urgente y lo importante. Si hacemos un cuadro de 2×2 donde ubicamos en un eje lo importante y en el otro lo urgente (la matriz resultante, llamada Eisenhower), encontraremos cuatro celdas que nos ayudan a priorizar también las acciones a realizarse.
El primer cuadrante son los asuntos urgentes e importantes que necesitan atención inmediata. Por ejemplo, la intervención ante emergencias por desastres como incendios forestales. El segundo cuadrante son asuntos importantes, pero no urgentes, son aquellos que necesitan de planificación y una proyección; es decir, diseñar y tomar decisiones de mediano a largo plazo. Un ejemplo es mejorar el desempeño de los alumnos en las pruebas internacionales. El tercer cuadrante son asuntos importantes, pero no urgentes. Por ejemplo, la visita del mandatario a una zona de emergencia. En estos casos es mejor la delegación o dejar que las intervenciones sean realizadas por acción de las instituciones especializadas. Finalmente, hay asuntos que no son urgentes ni importantes, estos pueden ser obviados o ignorados como son viajes al extranjero sin agenda o compromiso de peso.
Ahora que nos acercamos a elecciones generales, es preciso demandar transparencia y claridad a cada candidato y así construir medidas básicas de productividad presidencial, sino, el apoyo presidencial termina siendo un ejercicio inane basado en encuestas y no en acciones reales e importantes que van construyendo el bienestar ciudadano.
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