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Un país de oidores, por Alonso Cueto

“Estas escuchas y las especulaciones que resultan de ellas ha provocado estos días una serie mediática de frivolidad repugnante”. Escribe el novelista Alonso Cueto a propósito de los audios difundidos en los últimos días.

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    "Durante estos días, nada de eso interesó tanto como las peleas en un culebrón que fue y seguirá armandose de oídas, esa vieja tradición", dice Alonso Cueto. (Ilustración: Giovanni Tazza)
    "Durante estos días, nada de eso interesó tanto como las peleas en un culebrón que fue y seguirá armandose de oídas, esa vieja tradición", dice Alonso Cueto. (Ilustración: Giovanni Tazza)

    Todos somos espías. Está en nuestra naturaleza. Vivimos en una cultura de la desconfianza, es decir del espionaje. Nuestra cultura tecnológica pone sus instrumentos novedosos al servicio de nuestro antiguo morbo. Somos espiados por otros y también espiamos a través de otros. Lo sabemos hace tiempo. En una película de Francis Ford Coppola, “La Conversación” (1974), el protagonista encarnado por Gene Hackman pelaba las paredes de su cuarto en busca de un micrófono. Los aparatos minúsculos se multiplican y nos dan voces inesperadas. Fuimos y somos todo oídos.