Bello y maltratado Perú, por Carmen McEvoy

“Ese es el verdadero horror que vive y reina en uno de los hábitats más bellos del planeta, donde el crimen (físico y simbólico) busca esconderse en los pliegues de una falsa moral “revolucionaria””.

    Carmen McEvoy
    Por

    Historiadora

    "El país de la diversidad, pero también del azar, la sorpresa y la incertidumbre, posee una infinidad de caminos". (Ilustración: Giovanni Tazza)
    "El país de la diversidad, pero también del azar, la sorpresa y la incertidumbre, posee una infinidad de caminos". (Ilustración: Giovanni Tazza)

    “El Perú es un país horrible”, dijo, hace poco, un reconocido académico en el homenaje a Carlos Iván Degregori organizado por el Instituto de Estudios Peruanos. Y, aunque trato de entender el pesar por el amigo ausente que, de acuerdo al argumento del ponente, entregó la vida por su patria, su comentario no deja de ser desafortunado además de equivocado. ¿Acaso no sería mejor afirmar que el nuestro es un lugar extraordinariamente bello donde ocurren hechos horribles, perpetrados por peruanos contra peruanos? Hechos concretos que se olvidan fácilmente y, lo que resulta aún más grave, de los que nadie se hace cargo y, por lo mismo, terminan enterrados bajo la lápida de la impunidad. Sin ir muy lejos, pienso en la deflagración en Villa El Salvador, el horror de Mesa Redonda en vísperas de esa trágica Navidad del 2001, en Tarata, en Lucanamarca, en el “robo armado presidencial” o en el maltrato que sistemáticamente nos infringimos en las redes sociales. Lo horrible en el Perú es que en lugares tan extraordinarios y majestuosos, como lo es el olvidado Vizcatán, se siga practicando el ritual del odio, la venganza y la muerte. Lo que es más trágico: el robo de la inocencia a nuestros niños. Un acto perverso, que a todos debería llevarnos a la reflexión.

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