Mientras en Palacio de Gobierno se atrincheran para la “guerra” contra la delincuencia, en medio del decorativo “estado de emergencia”, dos militares uniformados con fusiles caminan por el remanso urbano de La Aurora, en Miraflores. Otros han sido avistados en Larcomar, exhibiendo sus armas de largo alcance como si la amenaza estuviera entre turistas y corredores matutinos. Mientras tanto, en Trujillo –otra ciudad bajo el mismo estado de excepción– los cuerpos inertes que deja el crimen organizado se acumulan en la morgue, como lo reportó dramáticamente este Diario ayer. Los asesinatos continúan. La indolencia gubernamental también.

La realidad que propone el Ejecutivo es un sinsentido. En su llamado “cuarto de guerra”, los ministros elaboran listas de acciones que no son más que funciones regulares que deberían ejecutarse de manera constante y rutinaria. Nadie está descubriendo la pólvora ni tendrían por qué hacerlo. El reporte del comandante general de la policía, Víctor Zanabria, es una relación abultada de supuestas capturas y desarticulaciones de bandas. Bien por la policía, que hace su trabajo, pero de estrategia, nada.

¿Dónde está el mapa de calor que identifique las zonas más peligrosas y que permita asignar recursos de manera eficiente? Si ya han decidido el despliegue militar, ¿dónde está la línea de base y los objetivos a alcanzar? ¿Dónde está la estrategia transversal que involucre a la fiscalía, hoy enemiga declarada del Ejecutivo?

Hasta que no exista una planificación real seremos testigos de la ridiculez de ver militares patrullando Miraflores, donde el número de policías per cápita es mayor que en el resto de la conflictuada Lima y donde los recursos para combatir la delincuencia cotidiana son abundantes.

La inseguridad está en las calles, pero también en Palacio. De otra manera, no se entiende la desesperada maniobra de querer obligar a los medios de comunicación a emitir una franja de propaganda política disfrazada de “información”.

Los políticos en el poder siempre han creído que los males provienen de la prensa. Ellos coinciden en culpar a los titulares de la percepción de inseguridad. Pero este gobierno va más allá pues no se conforma con la labor propagandística de los medios estatales, sino que aspira a una maquinaria y además busca asfixiar a los medios restándoles ingresos por publicidad al exigir minutos al aire gratis.

La presidenta quiere sintonizar con la ciudadanía a la fuerza. Como aprendiz de autócrata, no entiende que la confianza no se impone: se gana. Con tan baja calidad de respuesta ante la crisis, uno se pregunta si realmente estamos hablando de un ‘war room’ o un ‘bathroom’.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Mabel Huertas es socia de la consultora 50+Uno

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