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Editorial: Cambiar el menú

Hoy se producirá un cambio de personas en la Mesa Directiva del Congreso pero lo realmente importante es que cambie la actitud.

Editorial

Así fue la elección a la Mesa Directiva del Congreso

Hoy el Congreso elige una nueva Mesa Directiva y, por primera vez desde que se inició este gobierno, el resultado de la votación no puede ser anticipado. Esto es así porque de un lado está la lista que solo integran miembros de Fuerza Popular (FP) y de otro la que cuenta con el respaldo de todas las otras bancadas e integran representantes de varias de ellas, lo que, por razones meramente aritméticas, anuncia una pelea voto a voto y no permite descartar sorpresas.

Es cierto que ambas opciones están ejerciendo su legítimo derecho a aspirar a la conducción del Parlamento. Dicho esto, sin embargo, es innegable que la soledad de FP en su postulación y la poca adhesión que la posibilidad de que esa fuerza política continúe dirigiendo el Parlamento suscita en la población transmiten un mensaje. Y su interpretación no es difícil: la forma en que se ha administrado el Legislativo en el último año es reprobada desde dentro y fuera del hemiciclo y nadie quiere dar la imagen de que favorece una prolongación de ese estado de cosas. No puede ser casual que mientras Luz Salgado acabó su gestión como presidenta del Congreso con una aprobación del 25%, Luis Galarreta esté haciendo lo propio con solo 12%.

¿Cuáles han sido los elementos que han afectado su popularidad? Pues desde luego algunas intervenciones torpes, como aquella en la que amenazó a los periodistas “mermeleros” con la inminente aprobación de la ‘ley mordaza’. Pero sobre todo un manejo casi partidarizado de la Mesa Directiva como si se tratase de una extensión de la bancada fujimorista y sus intereses, y no de una instancia de representación de los 130 parlamentarios.

Basten como ejemplos de esa actitud la accidentada evolución que ha tenido el caso de la investigación y eventual sanción a la legisladora Yesenia Ponce por el ‘affaire’ de sus certificados de estudios y todas las mentiras que lo rodearon (recién hace dos días y tras un cambio de quien la preside, la Comisión de Ética ha recomendado su suspensión por 120 días) y el impulso a la votación inconstitucional sobre la suspensión de los congresistas Kenji Fujimori, Guillermo Bocángel y Bienvenido Ramírez, que debió ser enmendada al día siguiente.
Si a eso se le suman televisores y flores, no son de extrañar los guarismos antes mencionados.

Lo que parecería estar en juego hoy, en consecuencia, sería la continuidad o la ruptura con una situación indeseable, expresadas en cada una de las dos listas que pretenden acceder a la Mesa Directiva. Pero la verdad es que el automatismo que lleva a esa conclusión es observable. Podría, en efecto, ganar la lista impulsada por las bancadas minoritarias y sin embargo extenderse el mal manejo del Congreso; o ganar la fórmula conformada solo por representantes de FP y, a pesar de ello, iniciar una administración del Parlamento más justa y provechosa. Lo que hace falta cambiar, en buena cuenta, no es tanto la mesa como el menú. Esto es, la actitud de quienes la tengan bajo su responsabilidad.

Quien resulte ganador tiene que demostrar, pues, que ha aprendido de los errores abundantes de la administración saliente y desarrollar un talante más democrático desde la presidencia. Pero, sobre todo, conducir un ejercicio productivo del Poder Legislativo, que contribuya en la enorme tarea de reforma del sistema de justicia que tienen hoy nuestras autoridades por delante y, sin renunciar a la fiscalización que le encomienda la Constitución, a todo lo que haga falta para que este gobierno llegue a buen puerto en el 2021.

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