Pie chico

FARINATA

    Redacción EC
    Por
    Pie chico
    Pie chico

    En la política, como en todas las esferas de la actividad humana, abundan las leyendas urbanas. Historias que la gente da por ciertas a fuerza de leerlas o escucharlas en boca de presuntos testigos de lo relatado. El Parlamento Andino, por ejemplo, es una institución de cuya existencia nadie ha proporcionado pruebas terminantes, y es legítimo sospechar que se trata solo de un lugar imaginario. Digamos, de una especie de Walhalla que se les promete a los políticos que los partidos quieren retirar de circulación y que luego resulta ser como esas casas de campo de las que se les habla a los chicos cuando sus mascotas mueren y se los quiere hacer creer que solo han sido trasladadas a un espacio idílico donde continúan viviendo felices.

    Otra leyenda política es la que asegura que en el país tenemos primer ministro. Desde distintos lugares del interior se reportan constantemente avistamientos y hay hasta quienes han mostrado sus huellas o fotos borrosas en las que aparece huyendo de los ciudadanos. Pero la verdad es que nadie lo ha visto pronunciándose sobre aquello que le tocaría a un funcionario de esa talla o ejerciendo el poder que debería. Se diría que es casi una versión local del Pie Grande norteamericano, pero como no pisa fuerte, habría que llamarlo nomás Pie Chico.