¿Y si el mayor problema no fuera la ignorancia, sino la repetición sin conciencia? Estudiamos lo necesario para aprobar. Subrayamos lo justo. Para muchos, la prioridad no es comprender, sino cumplir. Dicen que no hay tiempo para pensar. El cronograma avanza, el sílabo se impone, la rúbrica decide. ¿Y después? Simple, lo olvidan.
Pero este problema no viene desde la formación universitaria. La prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes), impulsada por la OCDE, evalúa a estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias, con el fin de medir qué tan bien aplican lo aprendido en situaciones reales.
En el 2022, solo el 1% del alumnado peruano alcanzó un nivel de alto rendimiento en lectura. Este dato expone una realidad clara: memorizar sin interpretar no solo afecta la escuela secundaria, sino también la forma en que entramos a la universidad y seguimos aprendiendo.
Pensar no debería ser opcional porque cuestiona lo que parece estable. Una universidad que no forma pensadores, forma repetidores y repetir no transforma nada.
Llevamos años formándonos para repetir, no para razonar. Hemos convertido la universidad en una fábrica de respuestas memorizadas.
Aprender no puede reducirse a obtener una nota aprobatoria. Aprender debería ser una forma de habitar el mundo con preguntas. No para encontrar todas las respuestas, sino para no aceptar las que se nos dan por inercia. Quien solo estudia para aprobar aprueba. Pero quien estudia para pensar incomoda, crea y cambia. Eso es lo que el Perú necesita.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.