Puka cosa, por Mario Ghibellini

El ascenso y caída de Bellido dan para una fábula sobre la vanidad del poder o, si se quiere, sobre la vanidad a secas.

    Mario Ghibellini
    Por

    Periodista

    “‘Puka’ se comportó mientras se desempeñaba como jefe del Gabinete con una altanería que sus inubicables méritos no solventaban”. (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa).
    “‘Puka’ se comportó mientras se desempeñaba como jefe del Gabinete con una altanería que sus inubicables méritos no solventaban”. (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa).
    / Víctor Aguilar Rúa

    Quién lo hubiera visto y quién lo veía. El Guido Bellido que apareció en la conferencia de prensa posterior a su defenestración del cargo que, literalmente, había ostentado por dos meses y pico era otro. Ya no el premier hinchado que sopapeaba verbalmente congresistas y miembros de su Gabinete, sino un ser gris que musitaba frases anodinas para quitarles el cuerpo a las preguntas incómodas de los hombres de prensa que habían acudido a la cita para conocer los detalles de su colapso político. Parafraseando la letra de una conocida canción, alguien podría haberle recitado: ahora ya no hablas tan alto, ahora ya no pareces tan orgulloso. Pero lucía tan disminuido, tan encogido, tan, digamos, ‘apukado’, que a cualquier observador de la escena el esfuerzo de escarnecerlo tendría que habérsele antojado ocioso.

    Conforme a los criterios de

    Trust Project
    Tipo de trabajo: