Nunca se fueron

Los nombres cambian, pero la entraña ‘gremlin’ del Congreso permanece.

    Mario Ghibellini
    Por

    Periodista

    icono te lo cuento
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    Resumen

    Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

    / Maria Paula

    La propaganda hollywoodense dice que los gremlins por fin regresan, pero los peruanos sabemos que eso no es cierto. Solo pueden regresar los que alguna vez se fueron y, aunque ausentes de la pantalla grande por cerca de cuatro décadas, los pequeños demonios que responden a ese nombre jamás dejaron de hacer sentir su presencia entre nosotros. Particularmente, en las inmediaciones de la Plaza Bolívar. La historia oficial sostiene que Spielberg se inspiró en un relato infantil de Roald Dahl para la creación de las criaturas de pesadilla que protagonizaron su éxito de taquilla de 1984, pero hay en ellas rasgos que sugieren que podrían tener un origen más bien local. Los gremlins, en opinión de esta pequeña columna, son tan anglosajones como chileno el pisco… Perdernos en ese debate, sin embargo, nos alejaría del propósito esencial de estas líneas: poner de relieve la persistente entraña vandálica de buena parte de nuestras representaciones nacionales. Así que, sin más, abordemos la materia. A ver, ¿cuántas veces a lo largo de las últimas décadas hemos escuchado al prójimo pronunciar la sentencia: “este es el peor Congreso de la historia”? ¿Y cuántas veces esos mismos heraldos del apocalipsis parlamentario tuvieron luego que retractarse? No porque hubieran descubierto tardíos méritos en los legisladores que antes condenaron, por supuesto; sino, porque sus sucesores mostraron pronto talento para extender las fronteras del envilecimiento de la labor legislativa. Violadores, “mochasueldos”, “niños” y otras especies de igual calaña han hecho del hemiciclo su hábitat desde hace más tiempo del que quisiéramos admitir, generando siempre la sensación de que habíamos topado con un límite. Pero quinquenio tras quinquenio, una nueva generación de destructores del equilibrio fiscal, los principios constitucionales y la mera decencia irrumpe en el edificio contiguo al Museo de la Inquisición para hacer de las suyas. Y todo indica que la que acaba de estrenarse no será la excepción.

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