Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
Composición e ilustración: El Comercio
Dos recientes encuestas le han traído noticias ingratas a la presidente Fujimori. Se trata de sondeos llevados a cabo por las empresas Ipsos y Datum, las más reputadas del medio, y por ello la información que presentan merece ser tomada en serio. En ambas, la aprobación de su gestión ha caído de manera importante en solo un mes y es ahora superada por la desaprobación. Ipsos ha registrado un desplome de 15 puntos porcentuales –de 57% a 42%– de lo primero y un incremento de 23 puntos porcentuales –de 25% a 48%– de lo segundo; mientras que Datum reporta un bajón de 18 puntos porcentuales –de 60% a 42%– en la aprobación y un repunte de 20 puntos porcentuales –de 24% a 44%– en la desaprobación. Desde luego, nadie en su sano juicio esperaba que las cifras de las mediciones de estreno se mantuvieran intactas por mucho tiempo, pero una caída de 15 o más puntos porcentuales en la popularidad de la mandataria en apenas 30 días es como para empezar a angustiarse. Si esto es así hoy que el Fenómeno del Niño no ha desatado todavía realmente su furia sobre nosotros, cabe preguntarse cómo será la cosa una vez que empiece a causar los devastadores estragos que sabemos que inexorablemente causará… Para fortuna de la señora Fujimori, la oposición a su gobierno está conformada por poco menos que los Tres Chiflados y la posibilidad de que alguno de ellos capitalice la pérdida de respaldo que ella está padeciendo luce por el momento remota. Pero si el desmoronamiento de las simpatías que la alumbran continúa a este ritmo, o Larry o Curly o Moe acabará por parecerle sensato a un sector de la población y ahí sí que sonamos. Porque el retorno de la necedad al núcleo de la toma de decisiones en el país estará asegurado.
Dos recientes encuestas le han traído noticias ingratas a la presidente Fujimori. Se trata de sondeos llevados a cabo por las empresas Ipsos y Datum, las más reputadas del medio, y por ello la información que presentan merece ser tomada en serio. En ambas, la aprobación de su gestión ha caído de manera importante en solo un mes y es ahora superada por la desaprobación. Ipsos ha registrado un desplome de 15 puntos porcentuales –de 57% a 42%– de lo primero y un incremento de 23 puntos porcentuales –de 25% a 48%– de lo segundo; mientras que Datum reporta un bajón de 18 puntos porcentuales –de 60% a 42%– en la aprobación y un repunte de 20 puntos porcentuales –de 24% a 44%– en la desaprobación. Desde luego, nadie en su sano juicio esperaba que las cifras de las mediciones de estreno se mantuvieran intactas por mucho tiempo, pero una caída de 15 o más puntos porcentuales en la popularidad de la mandataria en apenas 30 días es como para empezar a angustiarse. Si esto es así hoy que el Fenómeno del Niño no ha desatado todavía realmente su furia sobre nosotros, cabe preguntarse cómo será la cosa una vez que empiece a causar los devastadores estragos que sabemos que inexorablemente causará… Para fortuna de la señora Fujimori, la oposición a su gobierno está conformada por poco menos que los Tres Chiflados y la posibilidad de que alguno de ellos capitalice la pérdida de respaldo que ella está padeciendo luce por el momento remota. Pero si el desmoronamiento de las simpatías que la alumbran continúa a este ritmo, o Larry o Curly o Moe acabará por parecerle sensato a un sector de la población y ahí sí que sonamos. Porque el retorno de la necedad al núcleo de la toma de decisiones en el país estará asegurado.
Fotoilustración: El Comercio
—Huaico terminal—
¿Qué es lo que ha ocasionado la precipitación? La respuesta solo puede ser especulativa, pero en esta pequeña columna estamos persuadidos de que es una consecuencia de la parálisis derivada de la espera por las facultades que el Ejecutivo ha solicitado al Congreso. Una solicitud peregrina, por cierto, pues basta echarle una mirada al elenco de la actual representación nacional para concluir que no se puede pedir facultades extraordinarias a quienes, en su mayor parte, carecen de las ordinarias. El gobierno, creemos, simplemente quiso poner en práctica un viejo truco: hacer un pedido que sabía que sus enemigos políticos denegarían para hacerlos quedar como obstruccionistas y responsables de la eventual ausencia de resultados en el corto plazo. No contó, sin embargo, con las dificultades de alguna izquierda hasta para las operaciones más elementales, y así, mientras las bancadas de las fuerzas derrotadas en las elecciones presidenciales tratan de descubrir cómo se articula el adverbio “no”, ellos están quedando como ociosos o desorientados en la tarea de administrar el poder. La demora perjudica sin duda la imagen de la oposición recalcitrante como seguramente se pretendía, pero parece que ha terminado atando al oficialismo también a ese destino. El ardid devino enredo. Y es que los viejos trucos, como bien sabía Maxwell Smart, a veces no son una demostración de astucia, sino la antesala de un festival de torpezas. Le toca ahora al gobierno buscar mecanismos realistas y expeditivos –acaso los Decretos de Urgencia sugeridos por el constitucionalista Natale Amprimo– para proveernos de lo que nos ofreció en materia de lucha contra la inseguridad, mitigación del Fenómeno del Niño y crecimiento económico. Y todo antes de que la próxima encuesta o la primera lluvia torrencial le caiga encima, arrastrándolo cuesta abajo como un huaico terminal.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.