En enero, los fallecimientos por coronavirus registrados por el Ministerio de Salud (Minsa) sumaron 3.346, la cifra más alta observada desde septiembre, cuando se reportaron 3.519 víctimas (Foto: GEC)
En enero, los fallecimientos por coronavirus registrados por el Ministerio de Salud (Minsa) sumaron 3.346, la cifra más alta observada desde septiembre, cuando se reportaron 3.519 víctimas (Foto: GEC)
Jorge Falen

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Enero marcó el inicio de la de en el país. Si bien desde diciembre las cifras de la pandemia mostraban una leve subida, fue en el primer mes del 2021 donde estas no solo repuntaron, sino que alcanzaron niveles alarmantes, en algunos casos similares a los peores días de la primera ola de la enfermedad.

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El indicador más apremiante está relacionado con la mortalidad, que presentó sus niveles más altos de los últimos cuatro meses. En enero, los fallecimientos por registrados por el Ministerio de Salud () sumaron 3.346, la cifra más alta observada desde septiembre, cuando se reportaron 3.519 víctimas. Cada día de enero, unos 108 peruanos en promedio perdieron la batalla contra el COVID-19, cifra muy por encima de lo observado en el último trimestre del 2020 [ver cuadro].

El aumento en los decesos oficiales por coronavirus también se reflejó, a mayor escala, en el Sistema Informático Nacional de Defunciones (), que incluye los fallecimientos por COVID-19, así como por otras enfermedades que no pudieron ser atendidas debido a la pandemia. En enero, los decesos diarios por causas no violentas aumentaron de 466 a más de 860, llegando a niveles estadísticamente similares a mediados de mayo. El aumento más pronunciado en este indicador se dio en Lima Metropolitana, donde en solo un mes los fallecimientos totales se duplicaron, pasando de 167 a 351, respectivamente.

El domingo, la Presidenta del Consejo de Ministros, Violeta Bermúdez, anunció que pedirá al Minsa un nuevo sinceramiento de la cifra de fallecidos por COVID-19.“Queremos que población sepa claramente cuántas personas habrían fallecido potencialmente por esta enfermedad”, añadió.

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Casos y positividad

El fuerte ascenso de los fallecidos estuvo precedido de una subida sostenida en la de , que detectan de forma más precisa la presencia activa del virus, así como de un notable aumento de los contagios. El promedio de casos totales (que incluyen pruebas serológicas) detectados diariamente también fue el más alto de los últimos cuatro meses. Cada día de enero se identificaron en promedio casi 4 mil nuevos contagios, más del doble de lo registrado en diciembre (1.662).

La positividad habría anticipado el inicio de la segunda ola. Sus incrementos semanales aumentaron desde 6% a fines de noviembre hasta 16% a fines de diciembre. El punto más alto en los últimos seis meses se alcanzó en la semana del 17 al 23 de enero, llegando al 24%, para luego caer a 20% en la cuarta (del 24 al 30 de enero), según los resultados recopilados por el Instituto Nacional de Salud (INS).

Durante la última semana, los valores más altos se reportaron en Huánuco, La Libertad, Ica y Tacna. En la primera, considerada el epicentro de la segunda ola, la proporción de pruebas positivas llegó al 100%.

Camas UCI

Además de la positividad, la ocupación de camas UCI fue una variable que marcó una alerta temprana del repunte del virus. Desde mediados de diciembre, los pacientes graves aumentaron a una velocidad mucho mayor que la oferta de ventiladores instalada por el Gobierno. Cada día de enero se ocuparon en promedio 20 nuevas camas UCI; mientras que el sistema de salud en su conjunto (Minsa, Essalud, FFAA, PNP, privados) solo pudo habilitar 14,5 camas.

La curva de ocupación de UCI en esta segunda ola también creció con una pendiente mucho más pronunciada. Por ejemplo, las 602 nuevas camas UCI que se ocuparon solo en enero, tardaron casi dos meses y medio en la primera ola para llegar al nivel máximo (del 28 de mayo al 14 de agosto). Asimismo, al 31 de enero se utilizaron 1.864 camas UCI, 21% más que en pico de la primera ola.

Una tendencia similar se observa con las camas de hospitalización ocupadas que, si bien tienen son una proporción aún menor que las UCI ( 67% frente a 96%), en solo un mes aumentaron en 48%, de 1.262 a 1.864. Esto se traduce en un ingreso diario de casi 215 nuevos pacientes moderados para tratamiento.

Oxígeno: insumo esencial

A la saturación colapso de los hospitales y centros de salud le siguió la crisis del oxígeno medicinal. En enero, el consumo diario de este elemento en de dichos establecimientos aumentó 75% en comparación a fines de diciembre, y actualmente alcanza una demanda de 196.599 metros cúbicos diarios. Esta cantidad (actualizada al 30 de enero) se encuentra en un nivel estadísticamente similar a la demanda reportada a inicios de agosto, en el momento más crudo de la primera ola de .

En Lima Metropolitana y Callao, el uso de este elemento creció en 105% desde inicios de año, pasando de 48 mil a casi 98 mil metros cúbicos diarios.


ENTREVISTA

“Cuando uno hace una cuarentena total, rígida, la transmisión [del virus] se corta”

Julio Cachay, médico infectólogo de la clínica Ricardo Palma


¿Por qué la segunda ola de COVID-19 tiene una evolución más rápida que la primera en el Perú?

Una primera hipótesis es que la inmunidad adquirida durante la primera ola ha sido temporal. Lo que se está demostrando es que estos anticuerpos tienen una duración promedio de seis meses, lo que significa que pasado ese tiempo la población vuelve a ser susceptible y genera otro ciclo u otra ola epidémica. Esta pregunta nos la hacíamos por lo que estaba sucediendo en Manaos y también en Iquitos, donde pensábamos que la seroprevalencia era mayor al 70% y tenían la inmunidad poblacional. El segundo punto es que el aumento es más vertical, más intenso, ahí habría que considerar la opción de que estén circulando nuevas variantes del coronavirus que tienen mayor capacidad de transmisión.

¿Estas variantes son más agresivas?

Los investigadores del Reino Unido deslizaron que había hasta un 30% más de virulencia, pero no está confirmado. Teóricamente es factible. Los virus, a medida que son transmitidos, generan una presión evolutiva y en su reacción mutan para adaptarse a estas nuevas condiciones del huésped o de la persona. En ese contexto pueden emerger cepas o variantes que tengan mayor capacidad de transmisión, mayor virulencia, que es la agresividad o que tengan mayor resistencia o escape inmune. Por más que tengamos desarrollados los anticuerpos en una primera infección frente a una segunda con una variante ya no hay inmunidad, puede suceder, pero hay que confirmarlo en el campo.

La ocupación en UCI ya rebasó los picos de la primera ola, mientras que los casos y muertes siguen la misma tendencia ¿Qué se puede esperar para los próximos meses?

La tendencia está en crecimiento, mil casos por día, lo que no se había visto antes. En esa condición, un mayor de casos nuevos también va a determinar un mayor número de personas fallecidas. La hipótesis es que estamos frente a variables más virulentas, aunque tendríamos que hacer el seguimiento genómico. Pero también se dan factores como la automedicación, que genera una falsa sensación de seguridad. Ya sea utilizar cierto fármacos como la ivermectina o empezar con corticoides en los primeros siete días de infección, lo que lleva a un evento grave o crítico.

¿La nueva cuarentena tendrá el efecto esperado de reducción en los contagios?

En principio todos esperamos que sea positivo. Se ha confirmado que cuando uno hace una cuarentena total, rígida o determinada, la transmisión se corta porque no hay forma que el virus pase de una persona a otra, no encuentra huéspedes susceptibles. El punto está en el procedimiento, cómo hacer que esto sea así, ahí está la diferencia. Tiene que haber supervisión de una parte y el hecho que haya un apoyo a familias o personas.

¿Los jóvenes ahora ocupan más camas hospitalarias o de UCI?

Siguen predominando las personas con edad mayor a 65 años, con comorbilidad crónica. Se ve también personas menores de 50 años, pero habría que analizar bien. Muchos de ellos son obesos, que es un factor de riesgo, o son diabéticos.

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