Por Juan Pablo León Almenara

Se estaba asfixiando con su propia mascarilla. Lo vieron retorciéndose en el suelo, al lado de su enamorada que pedía a gritos que lo ayuden. El chico, de unos 23 años, había respirado gas lacrimógeno y gas pimienta a la vez, pero no se había dado cuenta que ambas sustancias se habían acumulado entre la tela y su boca. A unos metros de él pasaba Diego Delgado, egresado de medicina, quien integraba un grupo de ayuda voluntaria. Diego cree que intentar salvarlo fue una de las situaciones más impactantes que ha vivido.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: