Tuesta hizo un balance de las reformas pendientes y de una reforma previa para poder acometerlas. (Foto: Rolly Reyna/GEC)
Tuesta hizo un balance de las reformas pendientes y de una reforma previa para poder acometerlas. (Foto: Rolly Reyna/GEC)

El informe que preparó la comisión que presidió recomendó la bicameralidad, pero no fue vinculante. El presidente y luego el le hicieron cambios sustantivos. Pero Tuesta no pierde la esperanza de que el nuevo Congreso acometa lo que el otro no pudo o no quiso.

—¿Un Congreso fragmentado y breve podría ser práctico y célebre, y hacer una gran reforma?

Podría, porque tiene algo a su favor, está compuesto por mucha gente nueva. Algunos quieren reivindicar lo corto como posibilidad de hacer cosas. Al no haber reelección, pueden trabajar hasta el último día, sin estar en campaña. Pero dije ‘podría’, es un condicional, depende de quiénes entren.

—Algunos entran con la idea de un ‘Congreso constituyente’.

A lo largo de la campaña, hemos encontrado propuestas individuales. El voto preferencial desata eso, y resaltan cosas que llaman la atención, como Asamblea Constituyente, pena de muerte, no dejar entrar a venezolanos. Pero esa es la lógica de una campaña. La lógica de un Congreso es distinta, necesitas construir la bancada. Recién se van a conocer, tendrán que desarrollar un mínimo de agenda de la bancada. Tratar de conciliar sus ofertas, cada uno con su narrativa.

—Fuera de esa narrativa maximalista del ‘Congreso constituyente’, propones una reforma previa para hacer reformas políticas. ¿Puedes explicarla?

Cualquier intento de reforma es imposible con la norma actual. El art. 4 de la Ley Orgánica de Elecciones estipula que un año antes [de elecciones] no se pueden hacer modificaciones de las reglas de juego, o sea, el 11 de abril. Los exmiembros de la comisión de reforma estamos planteando que exista un acuerdo para que se modifique ese artículo. ¿Para cuándo? Julio o agosto, antes de la inscripción de partidos. Ganas medio año y una legislatura.

—Y si no, ¿para el 2026?

Se podría hacer, pero los parlamentarios quieren tener incidencia sobre el 2021. Es difícil que te digan: “He venido para hacer reformas para el 2026”.

—Alguna vez dijiste que la bicameralidad era la madre de todas las reformas. Vizcarra convocó a los exmiembros de la comisión hace poco. ¿Hablaron de eso?

Por cierto, no lo veíamos [a Vizcarra] desde que entregamos el informe. Le señalamos que considerábamos que la bicameralidad debía presentarse. Coincidentemente, mostró interés en esta reforma.

—Había cambiado de opinión.

En los 12 proyectos de ley que se presentaron estaba la bicameralidad. [Tras el trabajo de la comisión], el Ejecutivo los modifica y habla de unicameralidad. Ahora, esto es otro Congreso.


—Un aspecto controversial es que se abriría la posibilidad de reelección vía el Senado. Algunos quieren evitar esa controversia.

En pocos países no hay reelección parlamentaria; en la región, solo Costa Rica. Los electores reeligen en bajo porcentaje. Ahora se han presentado 19 del Congreso disuelto y solo han sido elegidos 4, casi la quinta parte.

—La bicameralidad, para la comisión, salía en paquete con primarias obligatorias.

Se aprobó la ley, pero podría ser negativa si se mantiene tal cual. Tiene una disposición transitoria que dice que los partidos inscritos al momento de aplicar la ley, o sea 24, van a tener unas elecciones internas y luego pasan a las primarias, donde se ratificarían. Solo los nuevos van directo a primarias.

—¿Sería un avance tener bicameralidad sin primarias?

Si me dieras a escoger entre primarias y bicameralidad, diría que prefiero la bicameralidad. Es un diseño que establece nuevas formas de relación con el Ejecutivo. Por eso, lo llamamos la madre de las reformas y hay que dar la madre de las batallas.

—En esta campaña vimos por primera vez una reforma, la prohibición de contratar publicidad privada en radio y TV. Hay que mejorar las franjas, ¿no?

Fue positivo eso. Podías tener cascarones con dinero y salían; y organización sin dinero y estaban en desventaja. Creo que el y han ingresado porque se les abrió esa posibilidad. No entraron los cascarones puros, sino los que tenían una red organizativa que podía hacer una campaña territorial.

—Esta es la primera campaña en la que hablamos de territorialidad, donde se ve el valor de las bases distritales.

Las reformas privilegian la organización, la participación de la militancia. La franja electoral tiene que crecer en tiempo, ya no 30 días sino 45, y en amplitud.

—Han convivido dos lógicas de campaña: la del territorio y la de los morados o Fuerza Popular, buscando proyección mediática.

Creo que las nuevas reglas han tenido impacto, pero mejoraría mucho si no hubiera voto preferencial. Imagínate en Lima, 36 campañas.

—En lejanos tiempos, estuviste de acuerdo con el voto preferencial.

Sí, en los años ochenta. Cuando se implementó, había la idea de que esto podía producir cambios. Pero no queremos que el voto preferencial desaparezca, sino que se desplace a las primarias de los partidos. Una vez confeccionada allí la lista, va cerrada a la competencia.

—¿Y mantienes tu convicción a favor del voto obligatorio?

Para muchos peruanos, el voto es su único encuentro con la política. No es una respuesta teórica, doctrinaria, hay una pila de textos a favor y en contra. Algunos creen que [si fuera voluntario] votarían los más informados. No hay estudio que diga eso. ¿Trump es lo mejor que ha producido el voto voluntario en EE.UU.? En Colombia puedes tener un promedio nacional de 25%. En el Perú estoy seguro de que, si hubiera voto voluntario y participación así, el perdedor diría que no tienes legitimidad.

—El número de indecisos fue bastante menor [de alrededor de 40% a cerca de 20%] de lo que marcaban las encuestas.

Efectivamente, la gente se decide cada vez más al último. Lo que se decía es que el porcentaje seguía alto hasta antes de la elección. Y no todo viciado es voluntario. Muchos viciados son por error. El voto preferencial es complicado y, además, tiene doble opción, cosa que no sucede en ninguna parte.

—Volvamos a la ciencia política. Hay una fragmentación mayor que el número de bancadas: las federaciones de independientes dentro de ellas que votarán a la libre.

Ya en el Congreso anterior, 105 de 130 eran invitados, y la relación entre invitado y partido es débil, es un matrimonio de migrante, termina y cada uno se va por su lado. Empezaron seis bancadas y terminaron 12. ¿Hay algo distinto para decir que no va a ser así? No. No va a ser fácil articular nueve bancadas. Los partidos se tienen que dar cuenta de que, si no articulan, no va a salir lo suyo. La necesidad de negociar crece, si no, se van a bloquear entre todos.

—O meten la pata entre todos.

Lo que no se dice es que así como Fuerza Popular tuvo 73 escaños, más de su porcentaje del electorado, ahora AP tiene 10% de los votos pero 25 congresistas, casi el 20% de los escaños.

—Hay líderes que llevan gente al Congreso y se desentienden.

Las bancadas adquieren tal poder que el partido no puede equilibrarlo. Pasó en AP. Sí creo que los candidatos presidenciales, como antes, debieran ser candidatos al Parlamento. Los tendrías adentro articulando los partidos. Así es en otros países. Fujimori era candidato al Senado en 1990; si no salía presidente, hubiera sido senador.

—¿Habrá reforma política?

Tengo la esperanza y eso me puede hacer dejar de percibir bien. Hemos discutido tanto, hemos peleado tanto, que para el bicentenario es una oportunidad. Pese a algunas nubes grises, la bicameralidad está en nuestras manos.