Por Kenyi Peña Andrade

En un contexto en el que el tiempo se ha convertido en un recurso cada vez más valioso, la puntualidad no solo representa organización, sino también una forma de consideración hacia los demás. Sin embargo, llegar tarde sigue siendo una conducta frecuente en muchas personas, a menudo acompañada de justificaciones habituales. Pero esta conducta va más allá de una simple falta de disciplina. Especialistas en psicología señalan que la impuntualidad constante podría estar vinculada a ciertos patrones de comportamiento y rasgos de personalidad más profundos, que incluso influyen en la manera en que una persona se relaciona con su entorno. De acuerdo con estos análisis, el hábito de llegar tarde de forma reiterada no solo genera inconvenientes en la vida cotidiana, sino que también puede tener un impacto negativo en el ámbito personal y profesional, afectando la confianza y la percepción que otros tienen sobre quien lo practica.