Por Marissa Chiappe

El Rafael cumple veinticinco años, sin relatos épicos, sin narrativas territoriales, sin productos extraños de comunidades remotas en los confines de la selva. El Rafael tiene una identidad sólida que, con constancia, su dueño Rafael Osterling ha sabido mantener vigente desde el principio hasta hoy. Quizá porque es una extensión de él mismo: una forma de entender la cocina ajena a las tendencias.

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