Oscar García

Redactor en la revista Somos

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En una apurada historia de la jerga o replana nacional, al menos dos hechos deberían consignarse en piedra, como momentos fundamentales en la validación del siempre creativo habla popular. El primero ocurre el 6 de diciembre de 1950. El mundo está en vilo por la geopolítica atómica y la posibilidad de que la China comunista entre de lleno a la guerra de Corea. Raúl Villarán, bautizado por Guillermo Thorndike como “el rey de los tabloides”, optó por dar cuenta de la movilización de 250 mil soldados en ese punto neurálgico del planeta con el célebre titular de portada de Última hora: “CHINOS COMO CANCHA EN EL PARALELO 38”. Muchos se escandalizaron con semejante muestra de mal gusto. Otros celebraron la humorada con la complicidad de quien maneja el mismo código. Había nacido una nueva forma de comunicar en la prensa peruana y la replana, normalmente asociada a los bajos fondos, conseguía una exposición masiva y una tribuna muy distinta de la usual.

Para narrar el segundo momento, ocurrido solo tres años después, necesitamos la gentil ayuda de los hermanos Barraza, la cantante Cecilia y el humorista , también llamado ‘Miguelito’ o el ‘Chato’. En 1953, don Mario Cavagnaro y los Troveros Criollos presentaron el vals Yo la quería, Patita, escrito en la lengua de Cervantes pero de una forma tan novedosa que sería incomprensible para los chicos de hoy, casi tanto como el mismo Quijote. La canción fue un éxito por ser una de las primeras en componerse en jerga o replana. Cecilia coge un papel con la letra y la canta para Somos.

—No se haga de rogar, carreta, y sírvase otro trago...
—Ahí ‘carreta’ quiere decir amigo, causa, pata, adú —interrumpe Miguelito, un experto en jergas ancestrales y otras que no lo son tanto.
—...que hasta la remaceta hoy me quiero poner... —continúa cantando Cecilia.
—‘Remaceta’: o sea, cuando estás bien mareado; o sea, hasta el ‘perno’. Hasta el ‘win’.
—No se haga de rogar, patita, y párese otro pomo...
—‘Párese otro pomo’: que se ponga otra cerveza.
—Si estoy con los crisoles rojimios es de llanto...
—‘Crisoles rojimios’. O sea, con los ojos rojos, por la chela.
—No es por la cerveza, es porque ha llorado
—rebate Cecilia, que ha dejado de cantar.
—Es que el pata estaba bien ‘Shirley Temple’, pues. Templado. Oe, ¿yo no habré escrito eso?

LAS MUCHAS FACETAS DEL CLAN BARRAZA
Cecilia tenía un año cuando los valses replaneros de Cavagnaro y de Augusto Polo Campos empezaron a instalarse en la Lima de los años 50, como una moda que llamó mucho la atención en las radios, aunque la tendencia no probó ser muy longeva. “Antes, en Lima se hablaba mucho en jerga o lunfardo, que es como se le dice en Argentina. Martha Hildebrandt dice que esta replana nacía entre la gente achorada, entre la delincuencia, y lo hacían para que no dejarse entender por los policías. Yo me acuerdo de que a las mamás de entonces no les gustaba que los chicos hablaran en jerga. Miguelito sí hablaba en jerga. Yo no, porque soy una dama”, dice Cecilia con el tono de voz afectado, que denota inyección de ironía en el remate. “Una damajuana”, acota, antes de que su hermano le vaya a hacer ese chiste.

El ‘Chato’ Barraza tenía cuatro años en la época de Yo la quería, Patita y entonces ya era notorio que dedicaría su vida al gentil arte de hacer reír al prójimo. Lo hizo primero con su familia, imitando a sus tíos. Luego en el colegio, en donde era el terror de los profesores. Miguelito es tan rotundo en la técnica de contar chistes, la ha perfeccionado a lo largo de las décadas, que la gente con frecuencia se encuentra riendo antes de que este empiece a contar algo. La promesa de carcajada es tan grande que basta verlo sonreír antes de hablar para que la risa empiece su camino fuera del cuerpo, rumbo al descontrol.

El humor es la faceta más conocida del ‘Chato’ Barraza, pero no es la única. En casa de ambos, por el buen ejemplo de sus padres, se leía mucha poesía. Vallejo, Santos Chocano, García Lorca, Gustavo Adolfo Becquer. También realizaban dramatizaciones. Cuando eran niños, Miguel y Cecilia realizaron una escenificación de Otelo, de William Shakespeare. Pero era tan mala la memoria de Cecilia para aprenderse el texto que el pequeño Miguel desbordó en pasión y cólera real en la escena del ahorcamiento a Desdémona. “Se me estaba poniendo morales la chica”, recuerda el ‘Chato’. “Desde entonces me prometí no ser nunca actriz”, dice ella.

JUNTOS EN ESCENA
Miguelito se entrenó desde pequeño en la técnica de la declamación a la luz de sus poetas favoritos. De ahí a las composiciones propias solo había un paso. “Siempre tuve buena redacción. Mi mamá era campeona en ortografía. Tenía diplomas. Primero empecé a escribir cartas de amor para los chicos del barrio y del colegio, para que se las den a sus enamoradas, y también para los que estaban solos. Les cobraba 50 céntimos por los versos que les daba, que para un niño era plata. También hice letras de canciones para los Flyers, la banda del rock que tuve a los 15 años. No, si yo con el lenguaje siempre me defendí muy bien. Es la verdad”.

Serán precisamente esas otras facetas de Miguel Barraza las que podremos ver en la próxima reposición del espectáculo Cecilia Barraza compartiendo, dos conciertos en el auditorio del colegio Santa Úrsula, este 24 y 25 de mayo. La destacada cantante criolla volverá a estar acompañada por las jóvenes voces de Maritza Rodríguez, María del Carmen Padilla y Larissa Sánchez. Y Miguelito, como invitado, estrenará ahí una poesía dedicada a la mamá de ambos, quien partió en febrero de este año. También podremos verlo en su faceta de cantante y de contador de chistes, “los más zanahorias”, advierte Cecilia, pensando en el respetable. “Voy a tener que hacer mis chistes tranquilos, si va a haber monjitas presentes ese día. Ni modo. Voy a tener que contar chistes de curas”, remata, incorregible. //