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Desde el aire, el edificio Marquina revela su singular planta y su ubicación estratégica, en el encuentro de las avenidas Tacna, Garcilaso de la Vega y Nicolás de Piérola.
Una de las esquinas más transitadas de la capital tendrá, dentro de poco, un nuevo rostro. En el cruce de las avenidas Tacna, Garcilaso de la Vega y Nicolás de Piérola, el edificio Marquina —más conocido como edificio Wilson-Colmena— atraviesa desde hace aproximadamente seis meses un proceso de revitalización. La intervención plantea una pregunta clave: ¿cómo devolverle el brillo a la Limade ayer sin dejar de mirar hacia el futuro? Fuimos a conversar con quienes están detrás de esta transformación para conocer los detalles de la apuesta.
Una de las esquinas más transitadas de la capital tendrá, dentro de poco, un nuevo rostro. En el cruce de las avenidas Tacna, Garcilaso de la Vega y Nicolás de Piérola, el edificio Marquina —más conocido como edificio Wilson-Colmena— atraviesa desde hace aproximadamente seis meses un proceso de revitalización. La intervención plantea una pregunta clave: ¿cómo devolverle el brillo a la Limade ayer sin dejar de mirar hacia el futuro? Fuimos a conversar con quienes están detrás de esta transformación para conocer los detalles de la apuesta.
MANOS A LA OBRA
Diseñado por el arquitecto peruano Rafael Marquina en la década de 1930, el edificio Wilson-Colmena nació en una etapa de expansión y modernización del Centro Histórico. Su planta trapezoidal tomó como referencia al Flatiron Building de Nueva York, uno de los edificios más reconocibles de Manhattan. Según las crónicas de la época, este inmueble fue concebido para albergar tiendas de lujo y departamentos en la recién inaugurada avenida Colmena.
El edificio Wilson-Colmena en 1966, cuando todavía conservaba buena parte del esplendor con el que fue concebido décadas atrás. (Foto: archivo El Comercio)
Su característica fachada revestida de cuarzo reflejaba el estándar de los edificios de mayor categoría de la Lima de mediados del siglo XX. Con el paso de las décadas, sin embargo, el deterioro de sus instalaciones y espacios hizo que terminara siendo ocupado por familias de escasos recursos, mientras su entorno también experimentaba profundas transformaciones. En 2001, el inmueble fue declarado inhabitable, marcando uno de los momentos más críticos de su historia.
Por estos días, el panorama empieza a cambiar. La edificación ahora está en manos de Scipion Real Estate, empresa que desde hace varios años apuesta por desarrollar proyectos en el corazón de la ciudad. “Desde una perspectiva inmobiliaria, el Centro Histórico es un lugar único de Lima, ya que combina una red de infraestructura vial y grandes espacios públicos con una extraordinaria riqueza arquitectónica y patrimonial”, explica Jaime Palazuelo, director de Scipion Real Estate.
El arquitecto Jorge Sánchez, de Nómena, junto a Jaime Palazuelo, director de Scipion Real Estate, los protagonistas de la transformación del edificio. (Foto: César Campos)
El proyecto contempla devolverle actividad a sus espacios y, al mismo tiempo, preservar el valor histórico de la construcción. “La rehabilitación permitirá recuperar un edificio de enorme relevancia patrimonial e introducir un modelo de uso mixto —oficinas, comercio y servicios— más próximo al de los centros históricos de ciudades europeas”, añade Palazuelo.
El estudio Nómena Arquitectos está a cargo del diseño de la intervención. La idea es conservar la esencia tipológica del inmueble, pero adecuarlo a las exigencias actuales. “El objetivo no es simplemente restaurar el edificio, sino prepararlo para los próximos cien años. Es una rehabilitación desde una perspectiva totalmente contemporánea”, explica Jorge Sánchez, director de Nómena.
Los nuevos espacios han sido pensados para albergar oficinas, comercio y servicios, con áreas flexibles que puedan adaptarse a distintos usos a lo largo del tiempo.
Para ello, lo primero que se ha realizado es un reforzamiento estructural, que incorpora dos escaleras de escape, seis ascensores y nuevos sistemas eléctricos, sanitarios y contra incendios. En unos meses, uno de los cambios más visibles estará en la azotea, con un nuevo nivel donde podrían implementarse salas multiusos, cafeterías y restaurantes.
La obra se encuentra en su primera etapa y la fachada ya empieza a recuperar su aspecto original. La previsión es culminarla hacia fines de 2027, con unos 2.000 m² destinados a locales comerciales y 12.000 m² de oficinas.
Mirada al futuro
Este proyecto se viene desarrollando de manera conjunta con Prolima, la institución encargada de orientar las intervenciones en el Centro Histórico. Juan Pablo El Sous, subgerente de Licencias y Autorizaciones, explica que el acompañamiento comienza incluso antes de que se presenten los trámites de rigor. “Brindamos reuniones y asesorías a cualquier persona que quiera desarrollar algún tipo de proyecto. Nuestro trabajo consiste en compartir las consideraciones que debe tener en cuenta, en función de las características del inmueble”, señala.
La intervención mira hacia los próximos cien años sin renunciar a los principales rasgos que definen la identidad del edificio.
En el caso del edificio Wilson-Colmena, la recuperación parte de reconocer su valor patrimonial, pero también su estado de conservación. En ese sentido, la fachada y algunos elementos de su distribución deben conservarse, aunque existe mayor flexibilidad en los espacios interiores. “La ventaja adicional del inmueble es que los elementos característicos que tiene se encuentran, principalmente, en el exterior”, explica el funcionario.
Uno de los elementos más visibles de la transformación estará en la azotea. La propuesta combina modernidad y respeto por el legado arquitectónico.
En este proceso también ha sido relevante la Ley 31980. Según El Sous, la norma reforzó el papel de Prolima y permitió que la institución participe directamente en el procedimiento de licencias, acompañando los proyectos desde su conceptualización hasta su aprobación. A ello se suman beneficios tributarios que, en su opinión, ayudan a disipar las dudas que puede generar la inversión privada en el Centro Histórico y están contribuyendo a que aparezcan nuevos proyectos en la zona. Entre ellos, esta intervención que apunta a rescatar uno de los grandes edificios de Lima. //
Una hoja de ruta
El Plan Maestro del Centro Histórico de Lima al 2035 es el instrumento que orienta la recuperación, la conservación y el desarrollo de este sector. La propuesta plantea una visión integral que busca proteger el patrimonio arquitectónico y urbano. También establece criterios para las intervenciones en inmuebles y espacios públicos, buscando compatibilizar la conservación de sus valores históricos con las necesidades de una ciudad contemporánea.