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La experiencia del migrante es diversa e irrepetible, pero hay una sensación que aparece como una constante en todos los que han dejado su país para empezar una nueva historia: la de no pertenecer del todo, no ser ni de aquí ni de allá. Esa dualidad marcó la infancia y adolescencia de Whitney y Samantha Dobladillo, dos hermanas nacidas en Nueva York, hijas de padres peruanos que emigraron desde Lima a Long Island y crecieron en un entorno donde no había más personas con una historia como la suya. En 2020, en plena pandemia, decidieron convertir su vivencia en algo más grande: una comunidad. Así nació Peruvian Sisters, una cuenta en redes sociales que pronto resonaría con miles de peruanos en Estados Unidos.
La experiencia del migrante es diversa e irrepetible, pero hay una sensación que aparece como una constante en todos los que han dejado su país para empezar una nueva historia: la de no pertenecer del todo, no ser ni de aquí ni de allá. Esa dualidad marcó la infancia y adolescencia de Whitney y Samantha Dobladillo, dos hermanas nacidas en Nueva York, hijas de padres peruanos que emigraron desde Lima a Long Island y crecieron en un entorno donde no había más personas con una historia como la suya. En 2020, en plena pandemia, decidieron convertir su vivencia en algo más grande: una comunidad. Así nació Peruvian Sisters, una cuenta en redes sociales que pronto resonaría con miles de peruanos en Estados Unidos.
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La vida entre dos mundos
Ser la primera generación nacida en Estados Unidos implica navegar dos universos culturales desde muy temprano. Para Whitney y Samantha, esa particularidad se hacía evidente en su día a día. En su casa vivían una realidad y en el colegio se enfrentaban a otra. Mientras sus compañeros llevaban almuerzos típicamente estadounidenses, ellas abrían envases con comida que llamaba la atención de los otros estudiantes.
Samantha lo recuerda con una escena muy elocuente: “Cuando era niña me enfermé y mi mamá, con todo el cariño que una madre tiene para sus hijas, me mandó en la lonchera un caldo de gallina con todo: huevo, limón, perejil, cebolla china, una patota… todo en un tapper grande”. Al llegar el momento del recreo, el menú de la pequeña Samantha no pasó desapercibido. “Todos me miraron raro. En ese momento una parte mía sintió hasta vergüenza”, dice, recordando el impulso inmediato de guardar el tapper. Con los años, su visión de ese momento ha cambiado por completo. “Ahora cuando miro hacía atrás creo que no debí sentirme así, me doy cuenta que era parte de mi cultura y un gesto de cariño de mi mamá para que me sienta mejor porque estaba enferma. Pero en ese momento me sentí diferente a los demás”, afirma.

Aun así, en casa, el Perú estaba siempre presente: se hablaba español y se vivía la cultura de muchas maneras. “Todos los días mi mamá nos despertaba con música peruana y viendo las noticias del Perú. Las costumbres estaban muy presentes en la casa y obviamente se comía comida peruana”, cuenta Whitney. También celebraban las fiestas patrias, al Señor de los Milagros y asistían al ‘peruvian parade’ por Fiestas Patrias en Nueva Jersey. Ese esfuerzo familiar por mantener vivas las raíces sería, con el tiempo, el cimiento de su identidad.
Creando comunidad
Peruvian Sisters nació en julio de 2020 como una respuesta a esa necesidad de conectar con experiencias de vida similares a la suya. Lo que comenzó como una cuenta para compartir anécdotas y cultura pronto se convirtió en un espacio de encuentro para otros peruanos fuera del Perú. El crecimiento fue orgánico, especialmente impulsado por un mensaje que conectó profundamente: “I am Peruvian enough” o “Soy lo suficientemente peruano”.
La frase nació como una afirmación para todas aquellas personas que, como ellas, al no ser “ni de aquí ni de allá” se han enfrentado a comentarios que critican su identidad o que incluso las califican de “fake latinas” (“latinas falsas”) por no encajar del todo con un estereotipo de latinidad o peruanidad.
“Hay gente, incluso dentro de tu propia familia, que te critica porque no hablas como peruana, tienes acento de gringa, no te vistes ni suenas ni te ves como peruana. Escuchas eso y las palabras tienen fuerza, entonces tú misma te tienes que decir que eres suficiente”, explica Whitney.
La publicación de ese mensaje marcó un antes y un después. “La gente empezó a comentar en sus stories cómo ellos se sentían menospreciados. Nos dimos cuenta que no estábamos solas”. A partir de ahí, la comunidad creció no solo en números, sino en profundidad.

Ese vínculo se trasladó del mundo digital al físico. En 2021 organizaron su primer encuentro en Prospect Park: llegaron 35 personas. Luego vinieron más, en ciudades como Chicago, Los Ángeles y Miami. La lógica era simple: si viajaban, aprovechaban para convocar a la comunidad local. “Y hacemos esos eventos porque la gente quiere sentirse en comunidad, conocer a otros peruanos, porque Estados Unidos es un país muy grande”, dice Whitney.
Uno de los momentos más significativos ocurrió en Los Ángeles, cuando viajaron para asistir al festival Coachella, motivadas por la presentación de Los Mirlos. “La única razón por la que fuimos fue por Los Mirlos, por orgullo peruano. Era nuestra primera vez en el festival y la primera vez que había una banda peruana. Era una oportunidad que no nos podíamos perder, algo histórico”, recuerda Whitney. Antes del evento, organizaron un encuentro en un restaurante peruano. Dudaban de la asistencia, pero el lugar se llenó. “Una persona manejó casi cinco horas para estar con la comunidad peruana”, cuenta. La necesidad de conexión era evidente.

Contenido diferente
En esos encuentros también han conocido historias que amplían su comprensión de lo que significa ser peruano en el extranjero. Una de ellas es la de Elena Soledad, una mujer adoptada por una familia estadounidense que buscaba reconectar con sus raíces. “No muchos peruanos hablan de este tema, del tema de la adopción”, señala Whitney. “Es un nivel más de ni de aquí ni de allá. Aprendí mucho con Elena Soledad”.
Peruvian Sisters no solo celebra la cultura peruana, sino que también visibiliza historias diversas dentro de la comunidad. Desde emprendedores hasta artistas, pasando por quienes, como ellas, han tenido que construir su identidad en medio de tensiones culturales.
El idioma sigue siendo un tema central. Aunque crecieron hablando español en casa, Whitney reconoce que no todos tienen esa experiencia. “Hay muchos hijos de inmigrantes que no saben hablar español. Y por eso nuestro contenido es mayoritariamente en inglés, para que todos puedan sentirse suficientes. Quizás no sabes hablar español pero tus raíces son peruanas”.
Hoy, Whitney y Samantha han transformado aquello que alguna vez las hizo sentir diferentes en una plataforma de conexión y orgullo. Whitney, diseñadora gráfica, siempre tuvo inclinación por el arte y por reunir gente. Samantha, dedicada al mundo de la belleza, encuentra inspiración en otras mujeres emprendedoras. Ambas comparten una vocación por construir comunidad.
En un contexto donde las diferencias, desde políticas hasta culturales, pueden dividir, ellas apuestan por lo contrario: unir, y ese es su mejor legado.
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