De acuerdo a Daniel Borja, la ayahuasca no genera un consumo compulsivo como lo hacen otras drogas psicodélicas. (Foto: AP)
De acuerdo a Daniel Borja, la ayahuasca no genera un consumo compulsivo como lo hacen otras drogas psicodélicas. (Foto: AP)
Diego Suárez Bosleman

Periodista de Ciencia y Tecnología

diego.suarez@comercio.com.pe

“Esperaba como mucho ver una explosión de colores, pero me sorprendió observar poderosas y significativas visiones de recuerdos de mi niñez. Después de unas horas pasó el efecto y me quedé con una sensación de paz y felicidad”. Así relata Emma Thelwell, en un artículo del portal BBC, su experiencia con la . Como este, existen varios testimonios sobre los efectos del brebaje, que al menos lleva consumiéndose mil años, según un estudio que publicó la revista “PNAS”. Cabe preguntarse: ¿por qué uno experimenta esa clase de alucinaciones? Para resolver esta inquietud, especialistas del Imperial College London estudiaron el impacto de unos de los principales compuestos activos de la ayahuasca en el cerebro, y observaron cómo se altera su funcionamiento.

—Cerebro sobreactivado —

Es bien sabido que la ayahuasca es un preparado que se obtiene de plantas amazónicas. Son dos las raíces principales empleadas en este brebaje: ‘Banisteriopsis caapi’ y ‘Psychotria viridis’. En líneas generales, al ingresar al organismo, esta bebida sobreactiva en el cerebro los neurotransmisores, elementos que emiten información de una neurona a otra y de una región a otra. Es gracias a esas transmisiones que se llevan a cabo funciones del cerebro asociadas al placer, la memoria, la alegría, goce entre otras. Entonces, al sobreactivarse a causa de la ayahuasca, el cerebro empieza a actuar de forma amplificada.

“La ayahuasca lo que hace es sobreactivar los distintos neurotransmisores que modulan funciones específicas en las regiones del cerebro. Es por eso que la persona experimenta un estado de alteración de la consciencia; es decir, empieza a percibir y a reaccionar a estímulos positivos que no necesariamente están en el ambiente que lo rodea. Por ejemplo, comienza a evocar memorias del pasado, tanto visuales como auditivas, así como sentir emociones de alegría, placer y goce”, le dice a El Comercio Daniel Borja Tovalino, médico neurólogo y profesor de Medicina de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH).

Del mismo modo, al bebe ayahuasca también hay mejoras en las funciones perceptivas; es decir, la persona puede captar estímulos a través de sus sentidos con mayor facilidad. También se ha observado un aumento en la capacidad cognitiva y en las funciones afectivas y de estado de ánimo.

— Ondas alteradas —

El trabajo realizado por el Imperial College London profundizó más en los efectos de la ayahuasca, centrándose en su compuesto activo dimetiltriptamina (DMT). Descubrieron que este químico natural alteró significativamente la actividad eléctrica en el cerebro, provocando una caída en las ondas alfa, el ritmo eléctrico cerebral dominante cuando se está despierto. También se observó un aumento de corta duración en las ondas theta, asociadas con los sueños.

“Los cambios en la actividad cerebral que acompañan al DMT son ligeramente diferentes de lo que vemos con otras drogas psicodélicas, como la psilocibina o el LSD, donde vemos principalmente solo reducciones en las ondas cerebrales”, explica Christopher Timmermann, autor principal del estudio.

Las ondas cerebrales alteradas, a un ritmo que se mantuvo creciente durante la parte más intensa de la experiencia, y los datos de los 11 voluntarios que participaron en este trabajo, demuestran –indica Timmermann– que las personas al tomar este brebaje están completamente inmersas en la experiencia: “es como soñar despierto, solo que mucho más vívido e inmersivo, es como soñar pero con los ojos abiertos”, recalca el experto.

— Efecto terapéutico —

A diferencia de otras drogas psicodélicas, como el LSD, la ayahuasca no genera un consumo compulsivo, detalla Borja. Por lo tanto, si se corta su consumo, no induce a un síndrome de abstinencia. Asimismo, el especialista sostiene que en los últimos años la ciencia ha estudiado el potencial terapéutico de esta antigua bebida.

“La ayahuasca se ha empleado para el tratamiento de la depresión crónica, con efectos positivos. Otro aspecto interesante estudiado es su capacidad para disminuir la adicción al alcohol y las drogas”, indica Borja.

Resultados prometedores también se han visto en pacientes con enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, el Parkinson. No obstante, el neurólogo aclara que todavía no hay estudios concluyentes, por lo tanto no se puede indicar médicamente el consumo del brebaje.

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